Por José David García.

El Real Madrid siempre puede caer más bajo. Ya sin nada por jugarse, el partido contra el Oviedo solo servía para generar más crispación entre el madridismo. 

Provocar un mayor caldo de cultivo contra los que dirigen la entidad – especialmente Florentino – y señalar a unos futbolistas que llevan dos años haciendo el ridículo en todos los frentes. 

Efectivamente el primer tiempo fue un suplicio más. De fútbol poco se puede hablar porque ya no importa y porque el Madrid otra vez no ofreció nada reseñable.

Lo único a destacar son otra vez cosas negativas y polémicas; pancartas en contra del presidente, abucheos a los futbolistas y la suplencia de un Mbappe que para efectos prácticos, es el único que se juega algo.

El pichichi. Pero a nadie le importa. O le debería de importar. Quizás solo a la junta directiva que querría algo para presumir ante una campaña de puras vergüenzas que se juntaron una tras otra. Y así se lo hizo saber el Bernabéu con pitos cuando ingresó al campo al 68.

Señalar la cantidad de goles que mete y que no se equivocaron ellos al traerlo, sino sus entrenadores y compañeros que no lo entienden, colaboran poniendo de su parte y que no le sacan todo el juego que deberían. O algo así dijo Florentino con Pedrerol el otro día. A, y qué es el mejor del mundo.

Tampoco dudaría que fuera una especie de venganza de Arbeloa. Cuando no estuvo el francés disponible para jugar, este Real Madrid hilvanó victorias mostrando cierta mejoría y por el camino sacó al Manchester City de Champions y ganó el Derbi ante el Atlético de Madrid.

Fue volver Mbappe, y el Madrid perdió los dos títulos en menos de un mes y se suscitaron una serie de acciones cuestionables y vergonzosas del delantero galo que pusieron en duda su compromiso y respeto por la institución.

Generando peleas fuertes en el vestuario, haciendo que Arbeloa pierda su trabajo – porqué no seguirá el próximo curso – y haciendo una serie de filtraciones que han dejando al Madrid como un club muy mal gestionado en este tiempo en todas sus áreas.

La realidad es que sea cuál sea la razón de su suplencia, poco importa porque no se juega nada, siempre debe de prevalecer el interés colectivo y la realidad es que el francés ha dejado que desear como líder. Gracias y hasta la próxima.