El Real Madrid decepcionó en su debut frente al Osasuna. Ganó apenas por la mínima con un penal muy debatible, un fútbol demasiado plano, sin mucha idea y con escasa genialidad ofensiva. 

La pregunta que nos hicimos muchos durante el juego fue ¿Dónde está Xabi Alonso? Aunque exagerada la cuestión, la realidad es que este Madrid parecía más el de la temporada pasada, que era dirigido por Carlo Ancelotti, que el equipo de juego moderno y ofensivo que se nos prometió con el ex Bayer Leverkusen. 

Por lo menos en el apartado ofensivo, porque por otro lado la gran diferencia bastante marcada se vio desde la actitud, las ganas de algunos por presionar y que defensivamente el cuadro blanco no concedió casi atrás.

La realidad es que tuvo control total del balón, del campo y con su portero siendo un espectador más. Pero individualmente sus cracks siguen sin marcar gran diferencia – a excepción de Mbappe – y si no es por el francés, el 0-0 hubiera sido el resultado final. 

Además – creo que es buena señal – que el técnico ahora tiene la potestad de hacer lo que quiera en cuestión de los cambios. Si hay que quitar a Vinicius, se quita. A Mbappe, también. Y así con todo. Los futbolistas ahora deben de apretar, trabajar y correr. Sino, no van a jugar.

El espíritu de Carlo Ancelotti sigue pululando por ahí en el Bernabéu en ciertos apartados, y, aunque dejó mucho metal en las vitrinas en su segunda etapa, la última muestra del italiano en la capital española fue bastante deprimente y muy triste desde el desarrollo del juego. 

Hay que darle tiempo a Xabi Alonso porque no contó con una pretemporada ordinaria y obviamente eso juega en contra. Pero es el Real Madrid y los procesos en ese club, para miel o para mal, no existen. Gracias y hasta la próxima.