
En la fotografía, como en cualquier otro hobby, uno tiende a llegar como un sheriff a pueblo nuevo.
Queremos llegar con una placa nueva, brillosa y sin una sola marca o raspón y que todo mundo vea lo comprometidos que estamos con nuestro hobby en base a nuestras herramientas, esto es algo que la misma vida nos va quitando, así como le quita las piedras a la playa para transformarlas en arena.
De nada nos sirve un par de alas si nunca las usamos para tomar vuelo, de la misma forma de nada sirve una herramienta que nunca se usa.
Hasta el momento de escribir esta entrada (que sirve también para hacerle compañía a los textos de mi querido amigo y compañero José David García y su conocimiento en los deportes) me siguen ocurriendo esos «ataques» de frustración y descontento cuando le veo una raya más a un reloj, a una cámara, a un lente de una cámara, etc. Afortunadamente para mí, poco a poco Dios me permite usar este mundo para aprender a ser más paciente y sabio, ¡¿de qué sirve pues una armadura brillante sino para demostrar que uno nunca ha entrado en combate?! De que nos sirven los objetos que tanto sobreprotegemos si solo nos lloran a través del cajón donde quedan guardados, esperando a que los utilicemos y les permitamos cumplir su propósito.
Cuando tomé mi primera cámara, una Canon Rebel T5, lo hice porque en la licenciatura que elegí era una necesidad el usarla para tomar las clases de fotografía, cine o diseño. En un inicio la desarmaba y armaba en clase cuidándola de no exponerla mucho tiempo al aire libre, cosa que los demás veían como gracioso.
A pesar de ser buen fotógrafo nunca aprendí como lo hice un par de años después, cuando en lugar de sacar la cámara en «ocasiones especiales» la llevaba conmigo colgada del cuello ya mucho después del primer…segundo y hasta tercer rayón o golpe que le veía, cosa inevitable si uno se vuelve fotógrafo de calle y le encuentra el gusto como tal a ser fotógrafo de calle. Comienzas a sacarle lo especial a cada momento en lugar de esperar a que ese momento llegue a ti, tomas muchas más fotos, te familiarizas con tu equipo a un nivel indescriptible para aquellos que no consideran la cámara como una extensión de su propio cuerpo, pero me estoy desviando un poco del tema.
No fue sino hasta que comprendí que las herramientas son el medio para llegar a un fin, que empecé a dejar de sentir ese estrés poco a poco sobre lo material sabiendo que esa parte del proceso fotográfico no era lo importante, lo importante sucede a través del equipo material. Después de miles y miles de fotos, cámaras rayadas, lentes golpeados, tarjetas de memoria corruptas y ropa manchada de aceite de auto por acostarse a encuadrar en la calle si así lo requería la situación, comprendí por medio de la fotografía la lección más importante que me sigo recordando todavía cuando me siento mal por sacarle el brillo a un equipo salido de la caja con algún raspón o golpe:
No hay que tener miedo de las cicatrices que dejamos haciendo recuerdos.
-Gera.
