Por algo se debe empezar. El América no está para florituras, solo modo supervivencia. No es un equipo especialmente brillante en ataque y en defensa estaba siendo demasiado vulnerable. Le faltan jugadores importantes y los refuerzos no han podido encontrar su espacio en la dinámica del equipo de André Jardine.

Por lo que el técnico brasileño ha optado por el camino del pragmatismo: ser fuertes atrás, contener bien al rival y en ofensiva alguna irán generando, porque a pesar de las lesiones, tiene piezas interesantes que siguen haciendo a las águilas un cuadro competitivo.

Ante Chivas cedieron la iniciativa. El América cerró espacios, juntó líneas y prefirió explotar el juego en largo. No tuvo muchas, pero la que se presentó en pelota parada la aprovechó muy bien Ramón Juárez.

El Rebaño tuvo sus opciones. La hormiga González no salió en su día y perdonó un par de chances que se generó el mismo, pero que en el toque final no pudo concretar. Dejando en claro que tiene condiciones pero que esa clase de partidos le pesan ante su inexperiencia.

Pero esto es lo que hay en el América. Jugando horrible también se vale ganar o inclusive colgados del travesaño la última media hora de partido, no solo por los jugadores que no están, sino porque el equipo no termina de carburar del todo.

Los Azulcremas están en ese momento de la temporada en donde no pueden ganar partidos gratis ya que todos y cada uno de ellos, les cuesta sangre y mucho sudor. Pero Jardine ha demostrado que se sabe adaptar y si tiene que proponer un fútbol menos vistoso, lo hace sin ningún problema.

De momento está victoria ante Chivas es oxígeno puro, no solo por la obviedad de los puntos, sino por la parte anímica y en la tranquilidad que te da poder trabajar sin tanto estrés encima. Y eso es lo más rescatable. Del juego y del rendimiento de algunos futbolistas que han quedado a deber, hablaremos después. Gracias y que Dios los bendiga.