Ya es una costumbre que México haga el ridículo cuando tiene un partido ante selecciones de mayor nivel de exigencia. Encuentros donde es exhibido, goleado y superado en todas las facetas del juego y en donde sin importar el entrenador, no ha logrado encontrar respuestas para cambiar sobre la marcha, eso sí, posterior a un planteamiento suicida y sin sentido. 

Pocas son las veces que tiene la Selección Mexicana en estos tiempos modernos de poder participar en un torneo tan importante como la Copa América. Ante rivales de talla internacional, de otra entidad y que cuentan con futbolistas que se rozan cada 3 días en el mejor nivel del juego. Que van a otra velocidad, intensidad, preparación táctica y capacidad técnica. 

El problema es que cuando la tiene, ha perpetrado bochornos, vergüenzas e indecencias futbolísticas como la del pasado miércoles ante Uruguay. Un equipo dirigido por Marcelo Bielsa que fue haciendo esa famosa renovación con tiempo y poco a poco fue sacando a las vacas sagradas del vestuario que por más de una década comandaron ese cuadro nacional. 

No como en México en donde ese supuesto cambio lo quisieron hacer a un par de meses del torneo continental, sacando a jugadores todavía vigentes y poniendo y hasta exhibiendo a otros con nulo tiempo de trabajo ante jugadores que están a otra velocidad, ritmo y calidad. 

Jaime Lozano se vio rebasado y quedó demostrado de que es un técnico novato. Su México no sólo perdió goleado, sino que fue vapuleado durante 60 minutos en el trámite por Uruguay y no tuvo capacidad de respuesta para modificar antes o en el entretiempo para dar otra cara durante 45 minutos completos y que dejaran otra sensación.

Lo de Uruguay fue impresionante. En 3 o 4 toques llegaban a estar en boca de gol de la portería mexicana y el finalizador en cuestión en área chica podía disparar, pasar o hacer lo que quisiera en las barbas del Tala Rangel. 

México estuvo desaparecido, sin idea de qué hacer con la pelota y una presión muy endeble y descompuesta qué era desarmada muy fácilmente por los charrúas en su juego directo. 

Se perdían pelotas en las salidas, no se generaban situaciones claras de gol y cada fase ofensiva de los uruguayos era peligro de gol claro. Un equipo de Bielsa qué se dio el lujo de reservar jugadores a falta de media hora, de no contar con otras estrellas como Valverde del Real Madrid y hasta se defendió con la pelota jugando lejos de su área y con posibilidad de lastimar a pesar ir ganando 4-0.

Después el trámite se emparejó con jugadores más reconocidos, pero daba igual porque tampoco los mexicanos lograron tener opciones al frente y los sudamericanos solo fueron sobrellevando el compromiso teniendo la tarea hecha. 

Pero esas son las consecuencias por querer hacerse los listos pensando que simplemente cambiando jugadores esto iba a mejorar. Por pensar que la Copa América es como la Copa Oro donde México gana sin muchas complicaciones y si no tiene su empujoncito arbitral de turno. Por pensar que jugando con un cuadro experimental ante un rival de este nivel se podía competir bien. 

Veremos cómo nos va ante Brasil, aunque Lozano ya avisó que ahí no hará rotaciones y jugarán futbolistas más reconocidos. Y yo me pregunto ¿Pues cómo para qué? Por eso nos va como nos va. Escenario tétrico para la Copa América. Gracias y que Dios los bendiga.