
Esteban Andrada es el gran culpable de la eliminación de los Rayados del Monterrey de la Concachampions. Porque más allá de que en el segundo tiempo ni los jugadores o el Tano Ortiz pudieron reaccionar para anotar por lo menos un gol a falta de 45 minutos, ese error grosero en la salida del portero argentino, sucedió en un momento clave del encuentro donde La Pandilla tenía el trámite completamente controlado y ahí todo se desbalanceo.
Todo había salido según lo planeado: gol tempranero, control del ritmo de las situaciones del duelo y oportunidades de gol para poder ampliar la ventaja. Si bien el Columbus Crew tuvo una que otra aproximación, tampoco nada del otro mundo que pudiera pensar que el empate estaba cerca.
Como diría la canción ¿pero qué necesidad tenía Andrada? Ya había descolgado el balón, el primer tiempo estaba a punto de acabar y todavía tenías a muchos futbolistas rivales en tu mitad de campo con varios de tus compañeros de espaldas hacia el arco rival.
Incomprensible sabiendo la presión, el contexto de tu entrenador y que por delante hay una eliminatoria frente a Tigres que por lo menos podías llegar a ella más relajado sabiendo que cumpliste con la obligación de pasar a la final de la Concacaf.
Monterrey había hecho un buen primer tiempo. Llegaba al área del Columbus con cierta facilidad, no lo sufría en su propia área y los buenos peloteros que tiene Rayados estaban administrando bien los tiempos del juego; cuando acelerar, bajarle el ritmo y después llegar a la última zona para culminar la jugada.
Ese error del portero argentino tiró todo al traste. Porque generó nerviosismo, ansiedad y estrés en un plantel que esta temporada se ha visto incapaz muchas veces de levantar situaciones adversas. Le facilitaste al rival su plan de partido y con su disciplina y orden, cerraron espacios, se tiraron más atrás y en los contragolpes sentenciaron la historia.
Pero sobre todo le preparó su tumba a Fernando Ortiz. Un técnico que no ha podido ni siquiera pisar una final dirigiendo a los dos equipos más poderosos en cuanto a inversión y talento en sus plantillas del fútbol mexicano y del continente, que se ha visto incapaz de dar el golpe de autoridad en los momentos más trascendentales de las temporadas.
Para él tristemente ese ha sido su constante: darle a su equipo cierto nivel que le permiten alcanzar cuotas de fútbol muy importantes en temporada regular, pero que no lo saben prolongar en los duelos de eliminación directa.
Llegando siempre a la misma instancia y teniendo ya ese calificativo de semifinalista eterno en donde, sobre todo, las formas en las que es eliminado, dejan todavía más dudas de si será capaz en algún momento, de dar ese salto como entrenador en los grandes escenarios.
Perdiendo goleado ante Pachuca, remontado por Chivas en el Azteca, eliminado por un mediocre Toluca que después fue arrollado por los Tuzos en la final, humillado en su casa ante San Luis – lo peor de todo que aquí fue en cuartos – y ahora evidenciado en el segundo tiempo en su estadio ante un rival de la MLS.
Esa losa lo seguirá hasta que, con hechos, demuestra que puede ser exitoso en donde más cuenta, que es en la Liguilla, pero de momento, tiene una fama que ningún técnico, más en una joven carrera como la de él, quiere tener, y Andrada solo le echo la mano para que ese mito siga creciendo. Gracias y que Dios los bendiga.
