Hasta que se demuestre lo contrario, Igor Lichnovsky y Ramón Juárez, son la pareja ideal de centrales en el Club América.

Sobre todo, porque su competencia directa en el equipo está en un muy mal momento y tanto el chileno como el mexicano juntos, han dado muy buenos resultados. Siendo fiables, competentes y muy seguros en todas las acciones.

En los torneos anteriores no es que el América tuviera un problema de parado, del sistema colectivo del equipo, o que los rivales tuvieran mucha sofisticación en su fútbol ofensivo, sino porque había un problema evidente de personal.

Errores groseros individuales, poca capacidad para ganar duelos y hasta acciones que valían goles directos especialmente en partidos decisivos.

A día de hoy, y se ve complicado que esta realidad cambie, Néstor Araujo – además de que esta fuera todo el torneo por lesión – es un ex futbolista, Israel Reyes no tiene nivel para ser titular, tanto así que el Jimmy Lozano ya no lo llevó en la última fecha FIFA con el Tri, y Sebastián Cáceres – aunque sea el central titular de Uruguay – te da buenas y malas, y la bronca es que las malas siempre llegan en duelos donde se definen títulos o pases a otras llaves decisivas.

Si bien el América está teniendo dificultades para controlar los partidos, generar muchas ocasiones y ganar por amplios márgenes como en la época del Tano Ortiz – salvo excepción como ante Chivas y Puebla – Jardine ya ha encontrado en Lichnovsky y Juárez, a esa pareja de centrales con jerarquía, personalidad y oficio en donde provocan que, por lo menos, no les están costando puntos ni complicaciones en los encuentros.

Ramón Juárez sigue afianzándose en primera división. A pesar de que tuvo inicios complicados y nadie esperaba que pudiera hacer carrera en las Águilas, se tuvo que marchar del equipo, hacerlo bien en San Luis cuando se le requirió y ahora está disfrutando de las mieles de la vida.

Se ganó un puesto titular en el América, es el capitán de la Selección Sub 23 y, si sigue con este nivel, no dudaría qué Lozano pronto lo considere para la escuadra mayor.

Sobre todo, con actuaciones destacadas como ante Pumas. Ahí el zaguero registró 3 robos de balón, 3 intercepciones, 2 rechaces, 5 despejes, 72% de duelos defensivos ganados, 87% de precisión en pases y 75% en duelos aéreos ganados, de acuerdo al portal Statiskicks. Números de un defensor qué tiene confianza, se sigue afianzando y se ve difícil que pierda la titularidad.

Lichnovsky por igual, llegó sin nada que perder, con muy pocas expectativas y donde nadie se esperaba que pudiera ser titular – cuando todos estuvieran sanos – y ahora ya nadie se lo imagina fuera del once.

Ante Pumas también fue muy solvente. Tuvo 9 despejes, completó 89% en pase, tuvo dos disparos bloqueados y logró ganar 4 de 7 duelos en el suelo. Otra vez, un partido muy sólido del zaguero andino y de lo que debería de ser un defensor azulcrema.

Insisto, es evidente que este América no juega el fútbol más brillante, no avasalla a los rivales como antes, hay futbolistas qué todavía no agarran su nivel óptimo y que la baja de Diego Valdés se terminó notando de manera importante.

Pero es un equipo que no les pierde la cara a los partidos, qué defiende cada vez mejor – aunque tampoco Pumas exigió a Malagón – que no tiene ningún problema en regalar el protagonismo y jugar al contragolpe, y que lo mucho o poco qué llega a generar, lo suele aprovechar porque tiene a otros futbolistas, en un momento dulce de la campaña.

Y así es más sencillo cuando cuentas con una pareja de defensores, un personal en tu área qué no juega contra ti y te hace la vida más fácil. Quizás no es el América más redondo, pero no importa, no necesita serlo para lograr el campeonato, si no, díganselo a Tigres. Gracias, y que Dios los bendiga.