El partido del Barcelona ante el Inter de Milán en Champions League fue espantoso. Plano en ataque, muy blandito en defensa contra un equipo que le propuso poco en ofensiva y poca capacidad de reacción del entrenador y los futbolistas diferenciales arriba, para abrir a un equipo que se cerró bien y supo sufrir para sacar la victoria.
Los italianos fueron mejores. Jugaron su partido, contuvieron a las figuras del Barcelona, en especial secaron a Lewandowski y en las escasas aproximaciones que tuvieron en la parcela ofensiva, marcaron el gol que necesitaban para defenderse bien, dejar pocos espacios y obligar a los de Xavi Hernández a tener que utilizar el recurso futbolístico que tanto repudian: centros laterales a la olla al más puro estilo de una escuadra que se contradice, porque todo el rato se jacta de que prefiere las formas y el cómo se gana, antes de lo más importante: el resultado.
Pero esta ha sido la historia reciente de este club y más en esta competición: golear, ganar y regodearse en ellos mismos ante rivales muy inferiores, pero a la hora de partidos grandes, contra clubes de su misma o más entidad, terminan perdiendo, siendo goleados y olvidando absolutamente todos los papeles que pregonan y haciendo ridículos históricos para la posteridad.
Y a las pruebas nos podemos remitir desde el año 2016 que fue donde empezó la degradación de este equipo. Ya con Lionel Messi en la cancha y un club que en ese momento, no tenía el drama económico que hoy atesora y que en Liga seguía siendo hasta cierto punto competitivo y podía mantener el paso y sacar puntos por el camino.
Sin embargo, hoy en día es un club en ruinas en lo económico, que en partidos grandes no le da el nivel para ganarlos y que solamente puede ir andando bien por el torneo local ya que el resto de equipos se han debilitado terriblemente, y que de forma rara añadió en sus filas al delantero polaco Robert Lewandowski que seguro facturará 30 goles o más en la campaña.
Sin embargo, el polaco en los dos compromisos realmente serios del Barcelona en la campaña ha dejado mucho que desear.
Ha fallado ocasiones claras de gol, remates francos de cara a la portería, sobre todo ante el Bayern Múnich y ha sido testimonial contra el Inter de Milán.
Participando poco del juego, sin ser resolutivo y mostrando poca grandeza cuando se le requiere. Aunque en su defensa, se puede justificar este hecho con que el equipo tuvo un partido horrible en donde no le pudieron filtrar una pelota decente.
En definitiva y como sea que haya empezado esta travesía por el desierto del Barcelona en Europa hace ya poco más de 6 años, la realidad es que están ya contra la espada y la pared en la Champions tras perder en Alemania y Milán, y teniendo que ganar si o sí en el Camp Nou contra el Inter, si es que quieren volver a evitar otro ridículo histórico de peligrar de forma seria, su pase a los octavos de final de la máxima competición de clubes en el viejo continente.
Y la cosa no será fácil. Ya que con la baja de sus dos mejores centrales como Araujo y Kounde, en un equipo que realmente más allá de las palancas que les permitieron gastar más de 150 millones de euros para fichar jugadores, tiene muy poca cosa que sea elite, y por lo tanto no cuenta con tantos futbolista resolutivos en ambas áreas.
Ni arriba, abajo y con estas dos lesiones en puerta, la defensa que ya formó en San Siro y la dependencia en cuanto al gol sobre Lewandwski, que tampoco ha tenido tantas noches de grandeza en la Champions, con alguna honrosa excepción, pues todo está en bandeja para volver a vivir, un nuevo y antológico ridículo, en la Copa de Europa, y eso, para muchos, será un deleite. En especial con auténticos zumbados que viven, en su propio mundo de fantasía, como lo es el entorno del club catalán.