Veneno Para Las Hadas

Las mejores historias para ver o leer siempre van a ser, a mi gusto, aquellas que cuentan dos o más historias dentro de la misma obra dejándole la decisión de cual es la real a la interpretación personal de cada espectador.

Veneno Para Las Hadas (1984) de Carlos Enrique Taboada nos deja experimentar en una hora y media, “dos realidades” posibles a través de dos niñas que viven el mundo a través de sus padres, su entorno y la atención que les brindan aquellos que cuidan de ellas y a su vez nos permite hacernos una pregunta que nos acerca mucho al tuétano del verdadero cine mexicano que muchas veces llaman de manera incompleta “realismo mágico”: ¿Cuál es la historia real?

Cada quién observa lo que puede, lo que quiere y lo que es capaz de aceptar sobre su realidad. A mi parecer este “realismo mágico” es simplemente una forma de contar las historias como solemos hacerlo nosotros quienes vivimos en una realidad que no requiere de mucha ficción para ser increíble, cruel, fantasiosa y más que nada traumatizante ya que incluso al conectar fragmentos de una realidad inverosímil tenemos mucho cuidado de no ser imprudentes al consentir imprudencias, no vaya a ser que toquemos llaga ajena.

La película maneja un cambio de perspectivas y temas chocantes que en lugar de estar en guerra entre sí bailan de manera rítmica y hasta asemejan darse un beso cuando ocurre el cambio a mitad de una escena. En los primeros diez minutos de la película podemos ver uno de estos ejemplos donde Verónica, la niña solitaria que vive con su abuela y su niñera, le pregunta a esta última “Nana ¿cómo se hace un pacto con el diablo?” cuando la estaba persignando para irse a dormir.

Cuando una historia lleva una dinámica polémica, suele sentirse pretensiosa porque se llena de momentos como ese, de ideas chocantes y personales para el público con el objetivo de impactar a la audiencia, pero en este proyecto todo nace naturalmente porque quienes viven esos momentos son niños, personitas pequeñas que no tienen mucho en este mundo, reflejando aquello que otros vierten sobre su mente y que a sus pocos años trágicamente se van formando por su cuenta en base a esto sin el cuidado de alguien que tenga esto en mente.

Flavia, la otra niña, podría confundirse con el contraste de Verónica porque aparentan ser opuestos: cabello rubio y cabello castaño, afirmaciones increíbles y objeciones aterrizadas, una familia presente y una familia muerta, mucho dinero y poco dinero.

Pero, en esencia son la misma niña solitaria buscando donde pertenecer, incluso si Flavia tiene a sus dos padres con vida parecía que les importa su hija, pero no les interesa su hija.

Tiene una tutora de piano que muy probablemente también le enseñe francés, va a un colegio decente, tiene un rancho grande que usan como sitio vacacional para asistir en familia, pero en el día a día ellos simplemente no están ahí.

Por eso las niñas se aferran una a la otra de manera enfermiza incluso cuando hay oportunidades de separarse.

El antagonista de esta historia no tiene colmillos, garras o cuernos, es el vacío que los adultos dejan en los corazones de los niños que luego tienen que llenar ellos mismos con lo que pueden, aunque sean historias de brujas, veneno o fuego.

Vela y cuéntame: ¿Cuál es la historia real?