
Por José David García.
Inglaterra la tuvo. Tenía el pase a la final en las manos y como siempre, como se dice coloquialmente en redes sociales: pechearon.
Tuvieron todo a favor; el resultado, contexto de partido y a un rival como Argentina que le había costado verse bien colectivamente a lo largo del mundial.
Pero apareció Thomas Tuchel y regaló el pase a la final. Le pareció que era buena idea meter el camión, regalar el balón y proponer que el partido se jugara en los últimos 30 metros del campo inglés.
Todo esto a falta de 40 minutos para el final, ante una Argentina que no jugó bien pero nunca se rinde y que ya tenía antecedentes de remontar épicamente escenarios complicados.
Inglaterra fue sobrepasado. No solo mereció perder y no clasificar a la final, sino que Argentina pudo marcar más goles.
Pickford con tres atajadas de mérito y un par de pelotas a la madera, impidieron que el desaguisado fuera peor.
Tuchel no debe seguir como técnico de Inglaterra. Es un buen entrenador pero este tipo de desconexiones en estás instancias y contra un rival clásico, no pueden pasar desapercibidas.
Sobre todo porque tenía jugadores en el banquillo para proponer otro tipo de partido y manejar la ventaja de otra manera.
Yo pronostiqué un Francia vs Inglaterra en la final, y fallé. Lo de Francia podía pasar contra una España que los tiene de hijos y que está camada de futbolistas crece en torneos grandes.
Pero lo de Inglaterra nunca. Porqué la convocatoria – más allá de impopular – parecía que tenía sentido, las jerarquías claras, a un técnico con pasado ganador y un rival como Argentina que más allá de Messi, no parecía tener lo necesario para remontar ante un rival de más nivel.
Me arruinaste la vida Tuchel. Yo quería ver a tu equipo el domingo contra España y me tendré que comer una tercera final de Messi en mundiales, y, a pesar de todo, rendirme ante él. Parece inevitable. Gracias Tuchel, muchas gracias. Gracias y hasta la próxima.
