Por José David García.

México no juega bien al fútbol. Por lo menos en la parte ofensiva. Le cuesta un mundo generar situaciones de gol y si no aparece algún chispazo de Quiñones o un toque con criterio de Mora, suele ser la nada absoluta. 

Sin embargo, logró el hito histórico de ganar los tres partidos en la fase de grupos, se fue con la portería a cero y hasta Javier Aguirre se encargó de hacer rotaciones hasta con Guillermo Ochoa en la portería para recibir el aplauso del mítico Azteca. 

La sensación es que cuando a México le toque un equipo con más jerarquía, oficio y ritmo se van a ir a las primeras de cambio, pero de momento todo es felicidad por los resultados y el marco de ser anfitriones. 

La nota positiva más allá de la victoria es el partido de Gilberto Mora. El joven jugador de Xolos le da mucho sentido a las posesiones de México y cuando puede profundiza las jugadas abriendo espacios.

Le faltó tener más socios para combinar y progresar a través del balón, pero la jugada en el segundo gol fue una muestra de que este chico puede ser cosa seria en unos años con la selección. 

República Checa es un seleccionado muy limitado. Compite desde la fortaleza física y el juego aéreo pero a la hora de elaborar al pie no se le ven demasiadas maneras para espantar a nadie.

Eso no es problema de México que terminó ganando sus tres partidos, defendiendo bien su portería y aprovechando las situaciones que se le fueron presentando en cada uno de esos encuentros. 

Ya en partidos de eliminación directa será otra tensión, otra exigencia y probablemente deberá buscar otras soluciones al equipo mexicano, pero de momento, el Tricolor se olvidó del jugamos como nunca y perdimos como siempre. Ahora toca tatuarse el ganamos como nunca, jugamos como siempre. Gracias y hasta la próxima.