
Por José David García.
Sí, yo sé que es Alemania. Pero la realidad es que esta selección germana, por lo menos a mi, no me transmite gran cosa.
Es un equipo que sí, tiene buenos futbolistas, pero estos no dan la sensación de contar con esa grandeza que generaciones anteriores sí tenían a pesar de no atesorar esa brillantez técnica.
Salvo la goleada frente a Curazao – esperada además – siendo el rival más endeble del grupo, el equipo teutón ganó sobre la bocina frente a Costa de Marfil que bien pudo rascar el empate y ahora una desahuciada Ecuador les remontó pudiendo recibir más goles en contra.
Obviamente a un partido de matar o morir nadie se va a querer medirse a una selección histórica como la alemana, pero la falta de grandeza individual, de pobre juego colectivo y de nula reacción desde el banquillo en alguna situaciones pueden penalizarles feo.
Justo premio a un Ecuador que se recuperó de un gol tempranero, emparejó rápido el trámite y después tuvo tramos de superioridad bastante notoria.
Ya en el torneo los ecuatorianos habían recibido mucho castigo de acuerdo al rendimiento que habían tenido en los compromisos anteriores, y ahora contra una potencia como Alemania, el fútbol les dió premio.
Porque contra Costa de Marfil perdieron de pura mala suerte en el último suspiro y contra Curazao, con un poco más de puntería se llevaban una victoria por tres o cuatro anotaciones a favor.
Ecuador deja de lado sus dudas y tendrá una inyección de confianza y energía para lo que le reste en el torneo, mientras que Alemania, simplemente, las aumenta. Gracias y hasta la próxima.
