
Por José David García.
Hay que decirlo: Los cambios de Javier Aguirre en el once le dieron la razón. Le ofrecieron equilibrio, más seguridad con la pelota y la opción de estar bien parados en zona baja a México que no fue brillante en ataque, pero no sufrió gran cosa a lo largo del juego.
Corea no le encontró el ritmo en muchos momentos al partido, le costó generar ocasiones y por momentos se vieron muy agotados en lo físico.
Sus estrellas no pesaron gran cosa en el juego y la selección mexicana vivió bastante cómoda salvó los últimos 15 minutos de cada tiempo, donde el cuadro asiático tuvo mucha posesión pero sin gran peligrosidad a excepción de un par de intervenciones de Rangel.
A México le falta mucho en ataque. No suele tener grandes recursos con el balón a menos que sea a través del pelotazo o de una genialidad de Julián Quiñones que le puso un dulce a Raúl Jiménez que no pudo concretar para el segundo.
Pero entiende que si arriba no hay fuegos artificiales, puede bajar la persiana, tirarse unos metros para atrás y defenderse cerca de su área buscando el contragolpe.
Así jugó en el segundo lapso dónde tuvo un par muy claras atacando la transición rápida, esperando a unos coreanos completamente sin ideas y en dónde las piernas les pesaron mucho.
Me imagino que ante Chequia México ganará, igual sin maravillar a nadie pero asegurará jugar contra un combinado no tan complejo para luego ver su suerte en los octavos de final. Gracias y hasta la próxima.
