
Por José Davis García.
El Bayern de Múnich clasificó a las semifinales de la Champions League esencialmente porque es mejor equipo que el Real Madrid. Así lo demostró en términos generales de la llave y el cuadro blanco no pudo tener una sola alegría en todo el año, salvo aquella seguidilla de 5 juegos con victoria consecutiva. En dónde por cierto, no estuvo presente Kylian Mbappe.
Nadie apareció para salvar ahora al Real Madrid. Ni Mbappe, Bellingham, Courtois que estuvo fuera de combate y mucho menos Vinicius que tuvo una noche para el olvido.
Solo Arda Guler con sus dos golazos dió esperanza, pero no gana como los otros para exigirle eso y no juega en un lugar donde puede ser decisivo en ese aspecto.
Lejos han quedado los días de las hazañas de Cristiano Ronaldo, Ramos, Modric, Kroos, Casemiro y compañía.
Sobre el juego, en el primer tiempo el Bayern de Múnich fue superior al Real Madrid. Pero solo ligeramente. No puedes considerarte mejor cuando en 45 minutos te clavan tres goles. Sobre todo cuando el equipo de enfrente no presentó grandes recursos. Tampoco los tiene y no los esperábamos. Pero le sobra personalidad. Eso sí.
Para el Madrid la gestión del partido fue rara. Mal competido, con jugadores paseándose y con pésimas gestiones a los goles a favor. Defendiendo mal, con sus estrellas otra vez fallando mucho y con algunos jugadores con pésimos rendimientos.
Pero a pesar de estos defectos, el Madrid mantuvo sus opciones porque el Bayern es un equipo que concede y deja jugar. Seguramente es peor equipo de lo que se contó y su divinidad en el juego venía más por dónde compite que por ellos mismos.
El segundo lapso fue un ida y vuelta dramático. Dónde ambos generaron ocasiones, hicieron figura a los porteros y tuvieron situaciones límites donde pudieron hacer más daño.
Pero terminó inclinando la balanza la expulsión de Camavinga. El Madrid se quedó sin físico, ideas y amor propio para seguir compitiendo. Concluyendo con ello una temporada para el olvido a nivel colectivo e individual de muchos de sus futbolistas.
Que el único consuelo otra vez será que el Barcelona no ganó la Champions, que Mbappe volvió a marcar muchos goles y que todavía puede hacer más decoroso esto si gana el clásico que resta de La Liga.
A Álvaro Arbeloa poco le puedo recriminar. Terminó siendo víctima de las mismas cosas que Carlo Ancleotti y Xabi Alonso y nunca pudo ser él mismo toda la temporada. Los futbolistas que tanto defendió lo dejaron tirado y nadie apareció en el camino.
Cuando pudo ser un entrenador como tal; tomar decisiones, hacer alineaciones y mandar al banquillo a quién le dio la gana, demostró que tiene potencial. Los señalados son los jugadores y la directiva que armaron un plantel sin química, con cromos repetidos y con poca hambre de ganar. Pero eso es tema para otro texto. Gracias y hasta la próxima.
