
Por David García.
Está noche no es para sacar pecho de ninguna de las partes. Ni los Mbappe lovers como los Mbappe heaters pueden concluir nada de la ausencia del francés.
Este Real Madrid, sobre todo con esta estructura de equipo, juega mal al fútbol, cualquier rival es capaz de ponerlo contra las cuerdas y no encuentra grandes recursos salvó el respaldo de un par de individualidades, que casi siempre tienen una jugada vital para mantenerlos en la pelea.
No me voy a contradecir: creo que la ausencia de Kylian Mbappe era necesaria.
No porque necesariamente el cuadro blanco juegue mejor sin él, sino porque este momento que vive con sus dolencias físicas, iba a evidenciar todavía más si cabe, las miserias colectivas de este Madrid.
Que puede tener una seguidilla buena de dos o tres partidos en dónde parece que puede tener cierta continuidad, pero después la realidad golpea feo en la cara cuando aparece un equipo con cierto orden, talento y un buen plan de juego.
Ese equipo fue el Benfica, como antes lo hizo Osasuna, o más atrás con Alonso el Liverpool, Atlético de Madrid o Barcelona.
Ni siquiera con dos goles de ventaja en la llave los merengues dieron la sensación de tener la cosa controlada y que con una jugada, todo podía ponerse pelos de punta.
Esto es lo que hay a día de hoy en el Real Madrid, que cuenta con muy poquito fútbol, tampoco está hecho para ser dominante con la pelota y el toque y, como casi siempre, solo se puede destacar alguna atajada de Courtois, la vuelta de un buen Vinicius que tiene ya 4 partidos consecutivos marcando – anotando 5 tantos – y de que se demuestra que se puede ganar sin Mbappe.
Por lo demás, pues este equipo sigue dando penita y no tienen demasiado que presumir. Gracias y hasta la próxima.
