
No creo que haya sido una paliza como tal, pero sí fue muy superior el PSG al Barcelona, especialmente en la segunda mitad. El conjunto de Luis Enrique recuperaba alto, jugaba muy cerca de la portería blaugrana y terminaba casi todas las jugadas.
Si bien es verdad que el Barcelona empezó bien con 20 minutos potables, después la gasolina no le alcanzó y sus virtuosos como De Jong, Lamine y sobre todo Pedri, sucumbieron ante el poderío físico, técnico y táctico de los parisinos.
Luis Enrique le dió un baño de realidad a Hansi Flick y al entorno culé. Cada vez que se ha medido a un peso pesado en la era del DT alemán, el Barca no ha podido salir avante.
El año pasado el Inter de Milán lo echó de la final marcandole 7 goles en dos partidos y ahora el actual campeón de Europa, lo aplastó por 65 – 70 minutos dónde ese gol sobre el final de Ramos, debió inclusive llegar desde antes.
La clave fue cómo movió las piezas Lucho. Le restó responsabilidad defensiva a Nuno Mendes – quién ya traía amarilla – para poner a Lucas Hernández, además de refrescar el frente del ataque con Lee, Ramos y adelantar a Zaire Emery unos metros y ahí con la presión y resto de piernas, hundieron a los culés.
Mientras que Flick lo único que pudo atinar a responder fue con cambios defensivos, conservadores y echando a su equipo para atrás para rescatar el empate en casa.
Esto demuestra que el Barcelona sí, está mejor por ejemplo que el Real Madrid – porque a pesar de ser superado, no hizo el ridículo que llevan haciendo los blancos en el último año en este tipo de juegos – pero no está listo para medirse ante un top 3 de la élite europea.
Deberá este Barcelona seguir trabajando y ponerse el saco de la humildad, entendiendo que en la Liga pueden pasearse a diestra y siniestra, más por cómo está el Real Madrid en los juegos de alta exigencia, pero en Champions League, todavía no les alcanza. Gracias y hasta la próxima.
