Por David García

México fue justo campeón de la Copa Oro. Lo hizo probablemente en el mejor partido de la era de Javier Aguirre en su tercera etapa frente a un Estados Unidos que si bien no contaba con varias de sus estrellas, es el rival que mayor complicaciones le podía dar a la selección Mexicana en este torneo, y la realidad es que en ningún momento, más allá del gol tempranero, pudo poner en aprietos al tricolor.

Si bien es verdad que los primeros 15 minutos estuvieron reñidos y el cuadro de las Barras y las Estrellas buscó pelear la posesión del balón y se acercó al área de Malagón, a partir del Minuto 20 de encuentro estuvo sometido, sin la pelota y sin la posibilidad tan siquiera de buscar el contragolpe.

México estuvo muy bien con el balón, haciendo una presión efectiva y teniendo claridad en el último tercio para acabar la jugada o meter centros muy peligrosos.

Además, anuló a varios futbolistas ofensivos de los gringos y un chico como Diego Luna, que había tenido un buen torneo, desapareció totalmente del campo.

Hoy por primera vez se puede decir que México convenció. Por la entidad del rival, el escenario y las obligaciones que el conjunto azteca tiene que cumplir a la hora de jugar un título del área. Busco tener la pelota, ser protagonista y estar siempre buscando dominar el juego en todos los aspectos. 

El cambio de sistema, de intención de partido y la rotación de ciertas piezas le vino bien al equipo para ser un poco más fluido en ataque, más equilibrado en el medio y con ello más solvente en defensa. 

La incursión de Ruiz y el Chico Mora le otorgó a México tener más control, lucidez y facilidad para llevar la pelota a los delanteros. Una postura más agradable y que diera la posibilidad de ver a México encontrando soluciones más allá de la táctica fija. 

Es cierto que Estados Unidos decepcionó. No pudo gestionar su ventaja tempranera, varios futbolistas no dieron la cara en el juego y nunca pudo reaccionar tras el tanto del empate de Raúl Jiménez. 

Pero eso no es culpa de México que aprovechó esa imágen irregular que venían dejando los dirigidos por Pochettino toda la justa e hizo lo suyo ahora sí, en un partido redondo. Dónde no se vino abajo, remontó y además no sufrió sobre el final del encuentro. 

Con esto no alcanza para esperar demasiado dentro de un año en el Mundial, pero por lo menos ya es otra imagen que deja el conjunto nacional frente a un mejor rival y en un encuentro oficial. Gracias y hasta la próxima.