El Inter de Milán quedó eliminado del Mundial de Clubes. Quedó fuera con total justicia porque fue peor que su rival – el Fluminense – había jugado una fase de grupos bastante mediocre y denotaba mucho cansancio en sus jugadores. 

Ya frente a equipos inferiores venía dando estos síntomas y contra el Fluminense lo dejó en claro cada uno de ellos. La manera de afrontar el partido fue nefasta. 

Con muy poca intensidad, con mucha ausencia de concentración y con un nulo ritmo a la hora de tener la pelota. Le costaba encontrar los espacios al cuadro de Chivu y poco generó al frente.

Esto se veía venir con el equipo italiano. Porque ya contra Rayados no pasaron del empate y sobre el final lo pudo perder, ante el Urawa ganaron apenas con el gancho en el último minuto y contra River Plate lograron sacar la victoria en el segundo lapso en un trámite muy soso y aburrido. 

Fluminense jugó por nota. Consiguió todo lo que un equipo inferior busca en un partido contra un cuadro potente y perteneciente a la élite y no solo ejecutó, sino que aprovechó a la perfección sus chances.

Gol tempranero, situaciones de gol a la contra y una buena defensa del área con líneas juntas, defensores concentrados y espacios bien ocupados por un bloque trabajado. 

El Inter de Milán fracasó. No jugó bien en todo el torneo y evidenció un agotamiento extremo en dónde a muchos jugadores de esa plantilla, les vendrá bien un par de semanas de descanso y vacaciones previo al inicio de una temporada que será más agotadora porque en verano hay mundial pero de selecciones. 

A ver si dentro de unos meses con sensaciones renovadas volveremos a ver a ese Inter de Milán que jugó dos finales de Champions League en tres años y que se quedó muy cerca de conquistar el triplete pero perdió todo al final. Gracias y hasta la próxima.