Por David García

Esto ya es una costumbre. Ver a México avanzar, ganar y clasificarse en las rondas de la Copa Oro sin brillo, sin nada de espectáculo y dejando una sensación futbolística bastante mala. Frente a Arabia Saudita sí es cierto, mereció ganar, fue superior – ligeramente – a los árabes y los méritos del equipo de Javier Aguirre están ahí.

Sufrió poco, hizo lo suficiente para marcar dos goles y tuvo en control la situación en todo momento sin necesitar una gran versión de Malagón. Pero a su vez el juego fue aburrido, en dónde en muchos lapsos no le pasaba nada y se perdía bastante tiempo con faltas y disputas.

Pero esto es Javier Aguirre. Un entrenador que está acostumbrado a plantear los partidos así, en dónde parece el campo parece una pelea de perros y en dónde la genialidad brilla por su ausencia. 

Los árabes sorprendieron por cientos lapsos. No tuvieron miedo y salieron a jugar. Buscaban tener posiciones largas de balón, eran agresivos en las disputas y terminaron jugadas con algunos remates. Pero nunca incomodaron en su totalidad al Tricolor. 

México está en semifinales siendo un equipo sólido, minimalista y que no se está complicando demasiado los partidos. No está sacando grandes diferencias pero está cumpliendo con lo mínimo exigible en este punto de la vida que es ganar y estar muy cerca de ganar la Copa Oro. 

Frente a Honduras no debería de haber igual problema en avanzar pero tampoco esperemos ver un partido de fútbol champagne y que enamore al espectador. A eso ya nos acostumbró México en el área y con qué siga ganando, la mayoría estará contenta y poca crítica habrá encima. Gracias y hasta la próxima.