
El Barcelona selló su título de Liga. Un secreto a voces. Cuestión de tiempo. Algo inevitable. Porque a pesar de los baches futbolísticos, este cuadro se reponía. Encontraba la manera de subir una marcha más y resolver los partidos. Librarse de los atascos propuestos por los rivales y encontrar los goles, por ende los resultados.
El Barcelona de Hansi Flick es justo campeón. Más allá de las cuestiones arbitrales y de las inscripciones ilegales que hizo este equipo para competir con otras reglas, fue el más regular y el que menos se equivocó. El que mejor se repuso a las adversidades y encontró soluciones en una plantilla corta y de menos talento en teoría, con el Real Madrid.
Frente al Espanyol el partido fue más o menos como los últimos meses: nublado en ataque, pero una genialidad de Lamine Yamal, los metía en el juego y generaba otro ambiente alrededor del equipo. Se repuso hasta de las lesiones de larga duración de Balde y Lewandowski, como tampoco resintió tanto la de Kounde.
No fue un encuentro brillante, lúcido ni tampoco para echar cohetes, pero lo ganó al final en dos acciones aisladas y puso un nuevo campeonato de Liga en la vitrinas blaugranas porque además, fue mejor a sus rivales más próximos en los duelos directos.
Esto fue gracias a Hansi Flick que dicho sea de paso es el único de ese equipo que tiene honor, respeto por el contrario y un saber estar en la victoria que difícilmente se verá en la famosa Masía que tantos valores dicen tener, pero nunca los demuestran.
La verdad es que poco más que añadir porque se veía venir y en algún momento en estás tres jornadas lo iba a terminar por finiquitar el Barcelona porque además el Real Madrid apenas y mantuvo la pelea de hoy con el gancho ante un débil Mallorca.
Es difícil particularizar en uno porque todos han estado bien, mejor que otras temporadas y aguantando el tema físico en dónde se han exprimido al máximo. Rapinha, Pedri, Lewandowski, Cubarsí, Íñigo, Kounde y obviamente Lamine. Gracias y hasta la próxima.
