
Hoy México está para lo que está en la Concacaf: Competir desde la inferioridad, jugar al contragolpe, depender de una jugada de algún futbolista que esté en buen momento y ensuciar el partido con interrupciones, patadas y en ocasiones hasta intimidar al rival con el juego brusco.
Se ganó, México venció a Canadá justamente porque fue contundente de cara al arco, pero es evidente el cambio de dinámica que existe en la zona.
Hay equipos con mejor preparación que México desde las bases de futbolistas y los mismos salen de academias más avanzadas en dónde tienen una mayor sofisticación en su preparación física, técnica, táctica y mental. Eso se notó en el partido. Los canadienses jugaron con mayor ritmo, velocidad e intensidad.
Canadá fue mejor en el trámite. Tuvo más la pelota, jugó más en campo rival y provocó que México tuviera que utilizar como único recurso futbolístico el pelotazo. Se jugó más a lo que quisieron los canadienses en pocas palabras. Pero México tuvo los goles y casi las mismas situaciones claras con menos balón.
La diferencia fue Raúl Jiménez. Con dos golazos de la nada, de otro partido, le dio una victoria muy trabajada a un México que tuvo que saber sufrir por lapsos largos del encuentro.
Sin embargo, no requirió una gran parada de Malagón y muchas situaciones de Canadá si bien fueron límites, estuvieron bien tapadas y rechazadas por la zaga mexicana.
Le costó el juego a México. Mucho. Tuvo que sudar la gota gorda para salvar el compromiso y poder clasificar así a la final. Una final de Nations League en dónde se medirá a una Panamá que le sacó la victoria de último momento a Estados Unidos.
Pero así es como se debe de jugar ahora. Javier Aguirre no es mago para darle una vuelta de 360 grados a esta selección y entiende que las florituras se deben de dejar de lado y ser prácticos, sencillos y mostrar un fútbol efectivo que le de fiabilidad, solvencia y confianza a sus dirigidos.
Hoy tiene la suerte de contar con futbolistas en gran momento y que además definen los partidos en dónde se ganan, que son las áreas. Raúl Jiménez está de dulce y casi cualquier cosa que toca va para adentro. Ya no tiene la velocidad de antes pero su facilidad para estar tranquilo en dónde todos se ponen nerviosos, es increíble.
De Malagón que vamos a decir, es el mejor con diferencia en su puesto y tampoco tuvo mucho trabajo y quizás el asterisco siga siendo Santiago Giménez. Lo colocó en un lugar en dónde debió de correr más de la cuenta sin balón y vivir lejos del área, pero es normal que ponga más cerca de la misma a un Raúl que está pleno y es el que más opciones le da para ganar partidos con su gran estado de forma.
Los demás vivieron en la incomodidad del fútbol que propone el vasco que es estar mucho tiempo sin la pelota, jugar con pocos toques y esperar atrás bien ordenados manteniendo un bloque. Es lo que hay. Mientras se gane, pocos cuestionaron la estética de esta selección que debe de ser minimalista para obtener resultados. Veremos si hay continuidad el domingo. Gracias y nos vemos en la próxima.
