El Barcelona puso La Liga más caliente que nunca. Con su victoria 1-4 ante el Sevilla se colocó a solo dos puntos del Real Madrid y a uno del Atlético de Madrid, en donde tras un primer tiempo soso, logró romper lanzas y liquidar en el segundo lapso.

Este equipo culé de Flick juega bien, pero sobre todo recuperó la pegada de inicios de año. Los tres de arriba volvieron con la chispa de los primeros meses de competición y no necesitan demasiado para marcar diferencias.


Sin embargo, su estilo de juego tarde o temprano les volverá a pasar factura como a mediados de octubre a diciembre. En donde no podían ganar y hasta perdían con equipos muy inferiores, de escaso talento y que priorizan el cerrojo defensivo.


Si los de arriba no están finos, la cosa se pone dura. Porque con esa línea tan adelantada el Barcelona da facilidades y regala situaciones muy riesgosas. Se encomiendan a un error o acierto individual de los defensas y pone en jaque al portero.


Pero de momento eso no importa porque están ganando, sus competidores pierden puntos y sus estrellas como Lamine, Lewandoski y en especial Rapinha – que está jugando con nivel de Balón de Oro – están nuevamente en un momento muy dulce de la temporada después de ese bache en el ecuador de campaña.


Luego llegarán rivales más potentes, en especial en la Champions donde seguramente lo harán pagar por ese fútbol que, si bien es llamativo, vistoso y atractivo, a su vez irradia una esencia peligrosa, suicida, temeraria y hasta imprudente. Ya tuvimos una muestra ante el Benfica y el propio Atlético de Madrid en La Liga.


Me parece temerario jugar así todos los partidos, porque por ello se metieron en broncas cayendo en la clasificación, pero al final ese fútbol los tiene vivos en todos los frentes y se ve que triunfarán o fracasarán con ello, porque es lo que los tiene así a estas alturas: a dos del Madrid, directos en los octavos de Champions y en semifinales de Copa. No hay necesidad de cambiar. Lo que funciona – la mayoría del tiempo – no se toca, pensará el técnico alemán.


El Barcelona de Hansi Flick tiene toda la pinta que esta temporada va a tocar metal, porque en términos generales están bien como colectivo, tienen mucha pegada de cara al gol y una serie de futbolistas jóvenes que cuando entran responden y han dado mayor robustez al banquillo de un equipo que en los comienzos de esta temporada, se esperaba que contaran únicamente con 13 o 14 futbolistas.


Podrán pagarlo muy caro o no, pero ese plan de juego los tiene dentro de la competición con todo y con altas posibilidades de ganar algo. Todos van a una y creen en ello. Así que hay que dejarlos que tengan éxito o fracasen, pero que lo intenten hasta el final. Ya se arrepentirán, o no. Solo el fútbol dictará.

Gracias y nos vemos la próxima. 

José David García