
Todo fue una pantomima. No sé recortó nada, la distancia que hay entre el Real Madrid y el Barcelona, por lo menos está temporada, es sideral. El equipo de Hansi Flick bailó por completo al de Ancelotti y aunque el encuentro empezó cuesta arriba para los blaugranas con ese golazo de Mbappe, los culés se recuperaron de ese mazazo inicial y volvieron a demoler a los merengues ahora marcándoles cinco goles, y si no es por la expulsión de Szczęsny, quizá la cosa hubiera ido a peor.
De hecho, el gol de Mbappe fue un absoluto espejismo para lo que había sucedido en esos 10 minutos. El Barcelona estaba llegando, dominando y jugando cerca del área. Courtois ya era factor antes del cuarto de hora con tres atajadas tremendas y varias situaciones límites que los catalanes no supieron aprovechar.
Lo único rescatable para el Real Madrid fue que Mbappe parece que ha vuelto a una buena versión competitiva, como en sus mejores noches con el PSG y la selección francesa, y que Ascencio es un futbolista más que óptimo para el primer equipo. Pero de ahí en fuera, se volvió a demostrar que está temporada, este equipo merengue no está ni de cerca de poder competir contra clubes con su misma jerarquía.
Es un equipo muy endeble atrás, arriba sus estrellas no están logrando imponerse en escenarios adversos – salvando excepciones contadas por Vinicius – y no está logrando a nivel colectivo competir y mantener cierta tensión en los partidos de esta índole.
Lo de Carlo Ancelotti ya clama al cielo. Su mirada en la sala de prensa al final del duelo es de alguien que está muerto en vida y que no tiene soluciones. De aquel que piensa que haciendo lo mismo va a encontrar respuestas a los problemas de su equipo y que mágicamente todo va a funcionar como un reloj.
No hace buenos planteamientos, sigue metiendo a jugadores que no están para partidos grandes y los cambios suele hacerlos por el qué dirán. Para que digan que hace algo ahí en la banca y que no tiene capacidad de reacción. Pero tampoco le ayudan a su equipo, no hacen diferencia y la dinámica es más o menos la misma.
No hay nada a lo que agarrarse para pensar que el Real Madrid va a ser un equipo de cuidado contra rivales potentes que pelearán la Champions e inclusive dentro de la misma Liga. Está remontada en las últimas semanas en el puntaje con respecto al Barca parece que fue un espejismo.
Una mala racha de los de Flick que, para los intereses blancos, que bueno que se presentó, porque si en la Liga la cosa fuera al revés, Ancelotti estuviera ya en la calle y seguramente con Solari nuevamente en el banquillo. Racha negativa que tienen todos en algún punto de la temporada, pero con esto, es probable que vayan para arriba y más con la recuperación de lesión de ciertas piezas.
Lo del Madrid es desastroso. Obviamente ha mejorado porque la mayoría de rivales en Liga no tienen nivel y puede sacar los encuentros viéndose más o menos solvente; dejando porterías a cero, viéndose bien en defensa y con sus figuras dejando highlights llamativos. Pero cuando ha llegado un niño grande, el Real simplemente no ha podido.
Es increíble como contra el Barcelona, que no venía dejando buenas sensaciones ni haciendo grandes partidos, los merengues se vieron muy mal. Sobrepasados, sin reacción y completamente superados. Con un global de 9-2 – tomando en cuenta el 0-4 de Liga – sin poder ser mejores con uno más y empujar un poco contra su portería a los culés para haber dejado más decoroso el marcador.
Fue una vergüenza absoluta. Una victoria contundente, categórica y que no deja dudas cuál equipo de los dos está infinitamente mejor trabajado a pesar de la calidad de plantilla que hay en uno y en el otro. Una victoria del Barcelona, por demolición, ante un muerto en vida como el Real Madrid, que competirá, pero por lo que le falta a los demás y no por virtudes colectivas propias. Gracias y nos vemos en la próxima.
