
Esto se avisó: Javier Aguirre le iba a dar más recursos a nivel táctico a la Selección Mexicana para que jugara mejor de lo que lo había hecho en el tiempo reciente, bajo las órdenes de Jaime Lozano después de lo mostrado en la Copa América.
Si bien es cierto que el rival dio para lo que dio- con todo el respeto – como Nueva Zelanda, era importante iniciar este proceso con victoria ya que, contra otros rivales de un calado similar, como Uzbekistán, se había sufrido inclusive para lograr el empate.
El vasco es un técnico de más experiencia, bagaje y recorrido. Si bien México no cuenta con una generación de futbolistas tan potable como en otras épocas, Aguirre es un mago para sacarle jugo a cuadros limitados que dependen del colectivo.
Frente a Nueva Zelanda se jugó un buen partido. Se ganó un juego que se tenía que ganar por una diferencia amplia, sin sufrir y hasta con la posibilidad de hacer rotaciones con más de media hora por jugar.
No es un resultado para ir a contarlo a casa, pero visto lo perpetrado por el cuadro azteca los últimos tiempos, jugar un partido con ocasiones claras, goles y siendo muy superior al rival, da confianza en que las cosas pueden mejorar y en tener tranquilidad para que el vasco y compañía trabajen sin tanto ruido alrededor.
Si bien el rival no dio en muchas fases del compromiso 4 pases seguidos, otorgaba facilidades en defensa y quedaba mal parado en medio campo, México supo aprovecharlo para capitalizarlo con un fútbol más certero, fluido y armonioso.
Se viene Canadá, un rival que ha crecido y cuenta con 3 o 4 jugadores potentes en el plano internacional que te pueden meter en muchos más problemas que los neozelandeses, aunado a qué grupalmente juegan a otro ritmo, precisión y claridad.
No sé saca ninguna conclusión, pero el resultado es justo, bueno y realista con lo que se vio en el campo: un México superior a su rival que supo aprovechar las carencias del mismo para cumplir con el trámite. Baño y masaje, sin más. Gracias y hasta la próxima.
