Me parece que se ha hecho demasiado drama con la llegada de Javier Aguirre a la Selección Mexicana. Viéndolo fríamente, es un entrenador con más experiencia y recursos que Jaime Lozano y que lo más probable, a pesar del poco talento que atesora el tricolor en esta generación, le puede dar algo más de soluciones que el Jimmy – sobre todo porque el vasco está acostumbrado a dirigir equipos limitados en cuanto a calidad y cantidad – que tampoco aprovechó su chance en la Copa América.

Ahora bien, es verdad que el momento en el que llega el vasco choca un poco por las circunstancias. Sus dos etapas anteriores siempre fueron en momentos de crisis en dónde había que trabajar sobre la marcha para sacar adelante una situación límite como una eliminatoria apretada para los mundiales y llegar ahí para cerrar el negocio.

Ahora no hay nada de eso. México ya está en la Copa del Mundo y lo único medianamente exigente que tendrá antes de la justa es la Copa Oro que ya sabemos que no sirve para mucho.

Esto es un terreno desconocido para Aguirre que habrá que ver qué tanto se adecua a ello y a tener que trabajar con futbolistas de otra generación y que ven la vida de otra manera a los que él dirigió en su momento.

Por otra parte, lo de Rafa Márquez no me parece mal. Es una figura emblemática del fútbol mexicano y puede aprender mucho bajo la tutela del vasco en dónde verá otra idea de fútbol y podrá tener una gama más amplia sobre el juego que el dogma de posesión y juego ofensivo que practicaba en el filial del Barcelona.

Eso le abrirá su mente y le permitirá adoptar otros registros a su catálogo como entrenador pensando en tener una carrera larga y exitosa. Además de que en algún momento podrá también serle de ayuda al vasco con lo que ha aprendido en sus dos años con el cuadro catalán.

Una cosa no debería de estar peleada con la otra. Ni tampoco creo que las puertas para dirigir en Europa ya están cerradas para él. Es una figura reconocida por aquellos lares y seguramente podrán tener otros ofrecimientos más adelante.

Especialmente pensando que después del mundial del 2026 le den las riendas de la selección para un proceso completo de 4 años o quien sabe si hasta más, aunque eso sí, viendo cómo son los directivos, habrá que verlo hasta creerlo, porque no dan garantía de nada.

No es para tanto. Esto suena a una decisión con buenas intenciones y que podría tener sentido, siempre y cuando los dirigentes cumplan su palabra y la mantengan, algo que suena imposible porque la historia y pasado reciente, nos indican que es poco probable que así suceda. Es bueno recordar que el infierno está lleno de buenas intenciones. Cómo siempre, sólo el tiempo dará o quitará razones. Gracias y que Dios los bendiga.