Podemos criticar qué les gana a equipos que no están en su mejor nivel, que no son los mejores del torneo, que le ayuda el arbitraje o que todo está preparado para que Messi lo obtenga todo en la parte final de su carrera, pero en el trámite de los partidos, hay poco que reprocharle a la Selección Argentina de Scaloni.

Es un equipo que domina los encuentros, que genera más opciones que el rival y que sufre por muy pocos lapsos del juego. Chile, quitando 15 minutos del segundo tiempo, la albiceleste jugó a lo que quiso y si no obtuvo ventaja antes, fue porque Bravo estuvo en una buena versión.

Argentina no es preciosista en su fútbol, no tienen tantas estrellas como en antaño y los de la vieja guardia que quedan en el plantel se ve que ya van de salida, pero es un equipo bien compensado, equilibrado y que combina bien en el campo.

Ante Canadá y Chile, dos equipos importantes del torneo, ha sacado victorias convincentes en donde es complicado señalar que no los merecía. Sabe cuáles son sus virtudes, pero sobre todo sus defectos y lo que no puede hacer. 

Sabe muy bien a lo que juega y todos los futbolistas saben qué hacer con y sin la pelota. No escatiman en el esfuerzo y con el balón tienen mucho criterio. 

Cuentan con un portero que en club es muy mediocre, pero que en selección tiene personalidad y rinde como el Dibu, una zaga de centrales que igual con la escuadra nacional gozan de jerarquía, un medio campo complementario en donde Enzo, Mac Alister y De Paul cumplen su función a la perfección y un Julián Álvarez agresivo, con gol y que hace el desgaste en la presión para que Messi repose y esté fresco en las fases ofensivas largas o en jugadas rápidas. 

Argentina es la campeona del mundo, juega bien al fútbol y sus jugadores están comprometidos con la idea. Saben qué hacer en el campo, ya están en la siguiente ronda y son candidatos para ganar este torneo también. 

Podrá no convencer, ni gustar ni agradar a muchos, pero poco se les puede reprochar porque, así como en el Mundial, les gana a los rivales que les toca y lo hacen casi siempre siendo mejores y mereciendo el resultado. Y es algo que, muy a pesar de los detractores, se tiene que reconocer. Gracias y que Dios los bendiga.