
Diego Valdés sigue sin ser alguien relevante en los partidos de eliminatoria. Es un jugador menor que no hace nada importante con la pelota, toma malas decisiones de acuerdo a lo que pide la jugada y generalmente son otros futbolistas los que tienen que hacer la diferencia para el Club América.
Esta final de ida ante Cruz Azul no fue la excepción. El chileno caminó gran parte del encuentro y estuvo desaparecido la mayoría del tiempo en la Ciudad de los deportes.
Si bien a nivel defensivo estuvo bien y recuperó un par de pelotas, en ataque no metió un pase bueno para gol, tampoco generó oportunidades y hasta tomó malas decisiones dentro del área, como ese balón que no le entregó a Henry tras una recuperación de Quiñones en salida de La Máquina, al inicio del segundo lapso.
Esto es típico de Valdés. Cuando el partido no es favorable, no tiene espacios y el rival tiene una concentración defensiva importante, nada más no aparece con el América. El chileno necesita al parecer, una serie de situaciones para que pueda aflorar su mejor fútbol en estas instancias llenas de presión, responsabilidad y necesidad de que los jugadores diferentes, sean decisivos.
Ya inclusive el torneo anterior donde el América fue líder, llegó a la Liguilla más pleno como equipo y terminó siendo campeón, en ninguna de las llaves el andino fue el mejor de Las Águilas ni tampoco fue el punto clave por el que los azulcremas, lograron inclinar la balanza aquellas ocasiones.
Lo único destacado que hizo fue un buen gol de media distancia ante el San Luis en el partido de ida de semifinales donde había espacios, el contrincante estaba entregado y donde contaban con facilidades para llegar al área potosina y finalizar las jugadas.
A pesar de Diego Valdés el América sacó un justo empate de la ida ante Cruz Azul. Si bien el primer tiempo los celestes fueron superiores, en el segundo lapso los de Coapa se sobrepusieron a ello y dejaron la sensación de que inclusive pudieron llevarse una ventaja mínima a la vuelta al Azteca.
Los cementeros a pesar de tener más el balón, jugar más en campo rival y pisar más el área de Malagón, los de Jardine nunca se sintieron agobiados en el primer lapso y fueron sobrellevando el trámite.
Después, en el complemento la tendencia cambió y los azulcremas terminaron siendo mejores, generando oportunidades claras y dejando a Malagón como mero espectador, a pesar de un extraviado Valdés qué no brilló a pesar de que su equipo inclinó el campo a su favor.
Todo está abierto para la vuelta, pero el favorito sigue siendo el América.
Viene mejorando poco a poco desde la ida en Pachuca y la eliminación de Concacaf, tiene más herramientas en la banca para cuando las cosas se complican y han sabido sacar los juegos claves de la Liguilla a pesar de un Valdés inexistente, que se achica en momentos importantes y en donde parece que hasta le quema la pelota.
Desespera hasta al más pintado. Paciencia, a ver si llega la buena el domingo. Gracias y que Dios los Bendiga.
