Este Club América es obra de André Jardine. Un entrenador brasileño que asumió el cargo de un club en crisis, envuelto en llamas contra el director deportivo por los pobres resultados, con una serie de jugadores cuestionados a los que se les pedía la cabeza y que ya no los querían ver más en el club.

Además, llegó sin tiempo para hacer pretemporada – ya que fue como la quinta o sexta opción – arrancó el torneo cayendo en el Azteca ante Juárez y con serias dudas de su capacidad, ya que lo único que había dirigido era al San Luis en la Liga MX, más allá de su medalla olímpica con Brasil.

Sin embargo, el tipo pidió tiempo, paciencia y calma a la afición prometiéndoles un equipo con variantes, que iba a dominar a lo que jugaba y que iba a poder alcanzar los objetivos en fases importantes de la temporada.

Lo ha cumplido. Si bien perdió en la Concacaf ante su némesis Pachuca, fue campeón de Liga MX en su primer torneo como DT de las Águilas y ahora está en una nueva final en su segundo certamen, pudiendo conquistar el primer bicampeonato del club en torneos cortos e igualar a Miguel Herrera y a su paisano Jorge Vieira.

Y lo que tiene mucho mérito es que lo lograría en sus primeras dos oportunidades. El Piojo, sin quitarle nada, lo hizo en dos etapas distintas y disputando en el camino al menos 10 torneos, perdiendo dos finales en el Azteca, dicho sea de paso.

Jardine no solo ha podido mantener la regularidad en el día a día de un equipo que siempre está en los primeros planos, hace muchos puntos y con ello cierra las llaves en el Coloso de Santa Úrsula, sino que lo ha hecho jugando bien, siendo superior a la mayoría de sus rivales y sobreponiéndose a malos momentos futbolísticos en la mayoría de las veces como en la presente campaña.

Ha tenido bajas por lesión, jugadores que se le fueron a mitad de torneo que daban riqueza de plantilla y a bajas de juego qué han tenido ciertas figuras en diversos lapsos de los torneos.

Eso ha sido lo importante del brasileño. No sólo en el terreno táctico ha mostrado capacidad y respuesta en la adversidad, sino que ha sabido motivar a sus jugadores, hacerlos conscientes de lo que se juegan siempre por la camiseta que representan y cómo logra cerrar filas para ir en conjunto hacia el objetivo, sea cual sea el momento.

En esta Liguilla precisamente el América ha tenido muchos pasajes de apremio, presión y que hasta inclusive ya se veía eliminado. Pero lograron sobrevivir a eso y ahora están en una nueva final.

Ante Chivas en términos generales la eliminatoria fue mala. Fue una serie aburrida, con pocas ocasiones y en donde ninguno de los porteros fueron factor. A ambos cuadros les costó generar al frente y ninguno fue un dominador aplastante.

En la vuelta si bien el primer tiempo fue parejo, donde ambos tuvieron alguna que otra opción interesante, fue en el complemento donde los azulcremas recuperaron un poco la memoria y ahí sí se hicieron con la manija del duelo.

El América se adueñó del ritmo del juego, ya no le concedió nada a Chivas y pudo ampliar más su renta en un par de contragolpes. No estuvo abajo en ningún momento de la serie y hasta dio la impresión que los últimos 15 minutos fueran un trámite muy lejos del drama habitual en esta clase de partidos.

André Jardine está a un paso de la historia. Puede en un lapso muy corto de tiempo conquistar 2 ligas en los mismos intentos con un manejo del escenario, la presión y de su plantilla espectacular. Con muchos hándicaps en contra y con unas expectativas por los suelos tras el traumático final de la era del Tano Ortiz.

Ahora falta ver si pueden culminar la obra del bicampeonato a pesar de venir a la baja en juego, de no contar con un nivel estelar en sus figuras y que en esta Liguilla fueron superados por momentos por sus contrincantes. A ver si en la final esos malos ratos no le cuestan ese título y entrará sin duda en esa plática del mejor DT en la historia del América, ya que la Liga siempre ha sido lo más importante, y más porque serían dos de dos. Gracias y que Dios los bendiga.