
El América es un merecido campeón del fútbol mexicano. Fue líder general de la competencia, se convirtió en el equipo con mejor ataque, defensa y una escuadra sumamente equilibrada en todas sus líneas que fue jornada a jornada, imponiéndose ante cada uno de sus rivales.
Más allá de que en la vuelta Tigres fue ligeramente superior– más que nada por su buen manejo del balón y que dio la sensación de que se jugó un poco más a lo que pretendían los felinos – las Águilas supieron sufrir, esperar su momento y aprovechar la superioridad numérica en el tiempo extra tras la expulsión de Fulgencio.
Quizás un poco en el debe de este América – que la verdad, poco se le puede reclamar – fue el no ser tan claro al frente, perder muchos balones en el medio sector y por momentos dejar la sensación de que, a varios futbolistas, se los estaba comiendo el escenario y la fase decisiva.
Como por ejemplo a Diego Valdés. El chileno jugó un partido, y al final me atrevería decir, decepcionante donde no metió ninguna de las opciones claras de gol en donde lo habían asistido de buena manera, pesó muy poco cuando tenía que hacer progresar las jugadas y por momentos se le veía disperso por el campo.
Sin embargo, eso no terminó por jugar en contra y los azulcremas lograron no ponerse nerviosos y sobre todo comandados por Julián Quiñones, evitaron los penales. Un Quiñones que jugó una gran final. Tuvo intervenciones decisivas y le dio ventaja a los de Coapa en todas ellas.
Provocó dos tarjetas rojas, el penal del juego de ida, marcó el gol que abrió el marcador en el tiempo extra y fue un jugador siempre amenazante, aunque no estuviera fino en algunas acciones y perdiera muchos balones.
André Jardine es el gran artífice de este equipo. Llegó a un club moralmente destroza por lo ocurrido con Chivas el semestre anterior, en donde no tuvo pretemporada para trabajar al equipo, en donde en diferentes fases del torneo tuvo que lidiar con lesiones de larga duración y que ya lo querían sacar desde la primera jornada, y construyó un equipo fiable, potenciando a las individualidades y solventando los problemas defensivos que se vieron en el primer tramo de campaña.
Además, lo de Miguel Layún es para destacar igual. Tuvo una gran liguilla, un buen cierre de temporada y un final de carrera espectacular en donde se va con tres títulos de Liga MX con el América, en dos de esos títulos siendo titular y dejando un gran rendimiento en toda la fiesta grande.
Inobjetable lo de las Águilas. Siendo el mejor equipo de principio a fin y demostrando, por fin en la Liguilla, esa superioridad sobre los demás luego de cinco años de pasar penuria tras penuria en las diferentes fases de la fiesta grande del fútbol mexicano. Ódiame más. Gracias y que Dios los bendiga.
