
El Manchester City fue un justo campeón de la Champions League. No perdió un solo partido en el torneo, eliminó con mucha holgura a sus rivales previo a la final, contó con el goleador del certamen (Haaland) y supo adaptarse a las circunstancias de cada partido.
El conjunto dirigido por Pep Guardiola con este trofeo afianzó el gran programa de trabajo que tiene el City. Una gran plantilla, un excelente entrenador, un estilo de juego ofensivo, atractivo, muy efectivo y que además es capaz de adaptarse a los momentos de los compromisos.
Cuando se puede ser brillante y espectacular, aprovecha, marca goles, domina los partidos y termina generalmente mostrando esa superioridad en el marcador. Pero cuando hay que sufrir, esperar atrás y salir al contragolpe, demostraron que lo pueden hacer espectacularmente bien.
Para sorpresa de muchos, Guardiola dejó de ser un fundamentalista del juego. Entendió que un torneo con un formato como la Champions no siempre se puede ganar con el juego A, y hay momentos en las eliminatorias en donde el rival tendrá sus momentos y defensivamente tienes que conceder lo menos posible.
Esos momentos los vivió en la ida contra el Leipzig, en la vuelta con el Bayern Múnich, en el Bernabéu ante el Real Madrid y en la final en la mayoría de los minutos frente al Inter de Milán. Partidos donde no generaron gran cosa al frente, no tuvieron el control de la situación y defensivamente tuvieron que sufrir y hasta pedir la hora.
Por eso el Inter tiene todos los honores. Porque, aunque perdió la final, como estaba presupuestada, tuvo el empate en la mano. Creó más oportunidades, secó al City a la ofensiva y los obligó a vivir metidos en su área esperando nada más a que el árbitro pitara el final, defendiendo con uñas y dientes el gol conseguido por Rodrigo.
Ladrón que roba a ladrón. Quién lo iba a decir. Guardiola se olvidó de todo lo que defendía a ultranza y de lo que pudieran pensar sus mamadores mediáticos, porque sabe que – se le justificara haga lo que haga – y a este nivel, donde se invierte tanto, donde él mismo gana tanto dinero, tiene que ganar y dar resultados. Y lo consiguió de la manera que se esperaba que utilizara el Inter para competir, por poner un ejemplo
Porque a los que ponen los billetes, solo les interesa ver el trofeo en sus vitrinas. El cómo, queda bien para la literatura y documentales, pero, así como está construido el mundo, importa ser competente y dar resultados.
Y lo ganó de la forma menos esperada. En donde a otros técnicos se les llenó de crítica negativa y un escarnio público inaguantable, a Pep se le alabó por una capacidad de adaptación que le costó entender durante 12 años y que otros, ya la habían demostrado sin tanta prensa.
El City es justo monarca de Europa. Logró un triplete histórico, alcanzó su primera Champions, tiene al mejor entrenador posible para su proyecto y cuenta con una serie de futbolistas que demostraron el carácter suficiente para lograr el título más grande del fútbol de clubes y que tienen atisbo de dinastía europea.
Supieron sufrir, aprovecharon su oportunidad para marcar el gol de la diferencia, no necesitaron de una gran versión de Erling Haaland y lograron recuperarse anímicamente de una nueva baja de Kevin De Bruyne en el encuentro decisivo. Nada que objetar en ese sentido.
Porque Guardiola puso a su equipo, siempre en la mejor condición para ganar, adaptándose a los jugadores que tiene y, sobre todo, al grandote noruego. El problema no es Pep, sino sus mamadores que le perdonan todo y con el que siempre usan una vara de medir muy diferente. Imagínense si el que hubiera ganado así se llamara Zidane o José, y se apellidaran Zidane y Mourinho. Pero eso nunca lo aceptarán. Gracias, y que Dios los bendiga.
