
Lo del Manchester City en Alemania fue un gran ejercicio de sobrevivencia. En especial en el primer tiempo. Donde fue sometido, le generaron varias ocasiones de gol y no tuvo casi volumen ofensivo para lastimar al Bayern, a excepción del penal errado de Erling Haaland. Guardiola, un chamán más de la secta barcelonista – justificado y amparado únicamente desde el éxito – siempre ha sido un defensor enfermizo del estilo.
De, independientemente de las circunstancias, jugar a una misma cosa: tener la pelota, proponer desde la misma y atacar para marcar la mayor cantidad de goles.
Curiosamente ante el Bayern Múnich ese dogma lo dejó de lado. Decidió valorar el contexto en el que se llegaba al compromiso de la vuelta en Baviera y a pesar de ir contra sus ideologías fascistoides, entregó la posesión, defendió casi todo el partido sin el balón, en su campo y saliendo al contragolpe para en una de esas liquidar definitivamente la serie.
Y así fue.
El androide noruego en un gran contraataque puso el 0-4 global que fulminó la esperanza de los alemanes en busca de la remontada.
Esto me sorprendió. Pero tampoco me voy a desdecir. Una de las cosas que deben tener los grandes entrenadores es la adaptabilidad. Valorar todos los posibles escenarios de partido y en función de ello poner a tu equipo en la mejor condición para ganar. Ante el Bayern vimos un equipo de Champions.
Que jugó a lo que pedía el partido y momento de la eliminatoria y armó un plan de partido para competir. Y lo hizo muy bien en el segundo tiempo. Donde ya no concedió ocasiones, Haaland volvió a aparecer y llega engrasado para la semifinal y demostró que puede sufrir sin controlar todo lo que pasa a su alrededor.
Parece que Guardiola ha entendido de que va la Champions League. Claro, 12 años ya sin ganarla deben pesar mucho en el técnico catalán que debe estar harto de escuchar que no la puede ganar a pesar del gran gasto de su club por traer buenos jugadores y, que sin Lionel Messi no puede levantar la orejona.
Es una competición muy jodida. Deja heridas y traumas muy fuertes y más por las variadas formas en las que ha quedado fuera Pep.
Tendrá su revancha contra el Real Madrid. Con la diferencia de que ahora sí cuenta con un gran goleador, la vuelta la cerrará en casa y aunque tiene que definir la Premier League ante el Arsenal, llegará con toda la motivación para de una vez por todas, enterrar un fantasma que lo lleva persiguiendo por más de una década.
