Por José David García.

Con el Real Madrid hay que tener claras dos cosas; la primera, es que este es un equipo que no va a poder controlar los partidos en base al toque y la pausa. 

Es un plantel diseñado para intentar hacerlo mediante la pegada y el poder. Sí los juegos no se le abren rápido – como el del Betis – será difícil que puedan garantizar los tres puntos en cada uno de ellos.

Frente al Rayo Vallecano sentenció el partido en 35 minutos por qué el rival aceptó el intercambio de golpes. En ese escenario de ida y vuelta los cracks de este equipo se sienten cómodos y felices.

Hubo espacios, carreras largas y muchos errores forzados por el límite de las jugadas. Después, el resto no fue un trámite porque el Rayo anotó y tuvo sus ocasiones, a pesar de ser un cuadro muy inferior, pero Mou pudo gestionar algo más los esfuerzos, los minutos y el ruido exterior. 

La segunda cuestión aquí es todavía más evidente: si los tres sospechosos de siempre no están al máximo nivel, van a terminar por ser los activos tóxicos que hemos visto en los últimos dos años. 

Hoy, esto es anecdótico porque Mbappe ahora sí metió su penal, Bellingham marcó con el sello de la casa y Vinicius de a poco va dejando otras impresiones que no sean las de vergüenza ajena. 

Al final, podemos reclamarle a Mourinho lo que queramos con la gestión de los recursos hasta ahora, pero con todo y eso, su Madrid cerró una semana redonda: venciendo al Inter de Milán sin medio campo, goleando al Rayo sin despeinarse y poniendo ahora sí a un Diomande como titular y el cuál dejó muy buenas sensaciones con jugadas de calidad. 

Habrá que ver si en otros escenarios con más exigencia, resistencia de lo que hay enfrente y estrés, este estilo de vértigo y a mil por hora le da ese toque diferencial al Real Madrid para ganar. Gracias y hasta la próxima.