Por José David García.

Mbappe y Vinicius no pueden vivir de un par de buenas acciones uno de cada dos partidos. Ese tipo de rendimiento no te permite tener continuidad y, sin continuidad, no hay manera de ganar La Liga. 

Menos en el contexto actual de la competición: hay menos talento en los rivales, el Barcelona está potente sacando encuentros de forma rutinaria y cada error fuera de los enfrentamientos de los clásicos, se pagará caro.

Hoy los dos cracks volvieron a dejar la sensación negativa de que estén como estén, van a jugar y a partir de ahí, el entrenador otra vez, deberá hacer malabares para tenerlos en el campo y fungir como un político que tenga contento a todo mundo: a los de corto, a su gestión y a los de arriba.

Mbappe falló situaciones que no debería perdonar y Vinicius de nueva cuenta intrascendente en la mayoría de sus acciones. Lento, errático y sin ayudar en defensa. 

Después podemos debatir lo que quieran sobre el juego del Madrid. Un buen primer tiempo que posteriormente vino a menos en el segundo lapso donde ya no generó, le costó tener el control y perdió hasta los nervios sobre el final con la situación del penal.

Podemos hablar de arbitraje, recordar a Negreira y de los antecedentes del fútbol español, pero vivir en el escenario de víctima cada que se pierden puntos, no le va a un equipo que pudo resolver todo antes si las estrellas hubieran estado acertados. 

Pero no lo estuvieron y ahí, cuando el balón no entra, es cuando nos vienen los flashbacks de los dos últimos años: cracks que no responden en partidos algo más exigentes, un entrenador atado de manos que no puede sacarlos porque se le arma una gorda y un equipo que se topa con pared porque las cartas marcadas no siempre son la mejor opción. Gracias y hasta la próxima.