Por José David García.

Noruega la pasó mal por largos ratos ante Senegal. El cuadro africano mostró una gran calidad técnica, obviamente física y le complicaron mucho la vida a los vikingos, especialmente en el primer lapso. 

Ahí los noruegos se vieron muy poco acertados con el balón y el ritmo del partido les costó un mundo.

Haaland estaba muy solo arriba, Odegaard recibía la pelota en una zona donde no hace daño y Sorloth tirado a la banda es como jugar con uno menos. 

Pero en la primera jugada donde encontraron al delantero del Manchester City en el mano a mano en el área, Noruega abrió el marcador y a la postre los espacios para que Haaland con la marca de la casa anotara su doblete. 

Haaland es una máquina dentro del área. Su agresividad para atacar el espacio, la forma en la que pone la superficie ideal para impactar el balón y como logra encontrar posición de remate es un deleite.

Noruega no juega bien al fútbol en muchos ratos. Le cuesta encajar a sus figuras ofensivas, terminó pidiendo la hora y en ataque depende de la pegada de Haaland.

Pero mientras el ariete del City esté con la flecha para arriba y mantenga esa hambre por seguirle el ritmo a Messi y Mbappe, los vikingos podrán soñar con llegar a una ronda avanzada. Gracias y hasta la próxima.