
Por José David García.
Para el Real Madrid ya no vale la pena jugar. Cada partido es más lastimoso que el anterior y ni siquiera el evitar el debate de un posible pasillo en el Camp Nou los ha llenado de energía y motivación.
A nadie le interesa ya este cierre de temporada. Mbappe, el supuesto líder de esta plantilla, se la pasa de vacaciones con su excéntrica novia fingiendo lesiones, perdiéndose partidos y guardándose para el Mundial.
Sí el que debería de dar ejemplo por lo que gana y por el supuesto talento que tiene no lo hace ¿quién rayos va a tener ganas de hacerlo en este equipo? Exacto, nadie.
Ahí ves a diestra y siniestra a diversos futbolistas de esta plantilla haciéndole la vida imposible a Arbeloa; quejándose de que no juegan, haciendo berrinches por salir de cambio – hasta los que son de rellenos – y los que han sido consentidos desde que asumió Álvaro el puesto, no han sido decisivos.
Además, otros que han costado un dineral y no han dado la talla, junto con otros, se pierden en la vida nocturna de Madrid siendo poco profesionales, no han trabajado como deberían y cuando juegan arruinan los partidos por su pésimo nivel.
Frente al Espanyol más de lo mismo. A pesar de saber que sin la victoria el Barcelona era matemáticamente campeón, el Madrid mostró una desidia, desgana y poco fútbol para ganar el partido que asusta hasta al más pintado.
Solo un par de buenas acciones individuales de Vinicius complementadas por buenas devoluciones de Gonzalo y Bellingham, le dió vida a un campeonato que se acabó desde enero.
Pero aún así a nivel colectivo este Real Madrid sigue dando pena. Generando poco en ataque, teniendo a su portero – en este caso Lunin – como una de sus figuras – y a varias de sus estrellas muy por debajo de su nivel. Salvó el brasileño que se lució con dos tantos y ha marcado 4 goles en los últimos tres compromisos de Liga. Y Tchouameni que se mostró sólido y regular. Recuperando y distribuyendo.
No habrá milagro porque esto lleva definido varios meses. Pero la sensación que da el Real Madrid en lo global es que todas las partes quieren que este suplicio termine ya. Pero de momento, habrá una semana más de vida, o una semana más de suplicio.
En este sentido ya sólo importa el mundial y creo que para muchos no vale ni siquiera jugar el clásico ante el Barcelona para defender el orgullo de su afición, porque la impresión es que caerán de fea forma por la inercia de uno y otro ¿Vale la pena jugar el clásico? Gracias y hasta la próxima.
