
La realidad es que México no se puede quejar. El grupo que le tocó para la Copa del Mundo del próximo verano es bastante accesible y debería de ser una prueba muy superable, aún para esta versión tan gamelica del tricolor de Javier Aguirre.
Corea del Sur, Sudáfrica y el ganador del repechaje entre Dinamarca, Macedonia del Norte, Irlanda o República Checa, son los conjuntos a los que se enfrentará México para pasar a la siguiente fase.
Un grupo amable, con equipos de no mucha calidad con respecto a las potencias y que de acuerdo a lo que tiene esos cuadros comprados con México, debería ser insisto una prueba superable.
Pero ahí radica el problema: México no tiene fútbol, no ha mejorado casi nada con el cambio de entrenador y el talento individual brilla por su ausencia.
Todos los partidos son trabajo para esta selección y da igual la entidad del rival, que muy es raro encontrarle un juego plácido al Tri en los últimos 4 años.
Por eso la FIFA le hizo un gran favor dándole este grupo. Quizás por ser el anfitrión, un país apasionado o porque en general sus aficionados caen muy bien sobre todo por la derrama económica que dejan en cada mundial, pero el caos es que le pusieron la alfombra al cuadro azteca para estar del otro lado .
Ahora, tampoco descartemos que México haga el ridículo como lo viene haciendo sobre todo cuando compite fuera de su zona futbolísticas porque selecciones como Suiza, Japón, Uzbekistán, Paraguay y la propia Corea la han puesto en serios problemas o lo han exhibido.
De momento Infantino ya le hizo la mitad del trabajo al Vasco y la FMF y el equipo deberá responder en el campo para cumplir lo mínimo esperado por ser uno de los anfitriones y recibir todos los encuentros en su terreno. Gracias y hasta la próxima.
