Por David García.

No podemos seguir negando la realidad: Gilberto Mora es algo fuera de lo común de la media en el fútbol mexicano. 

Por ende, es una obligación casi moral por parte del entorno, cuidar a este muchacho que tiene todo para ser un grande de verdad en el mundo del fútbol. 

Del partido de México poco se puede agregar, más lo que seguramente ya se ha dicho en distintos espacios deportivos a nivel nacional. 

México jugó un buen primer tiempo siendo valiente, apretando arriba y disminuyendo el plan de juego de Uruguay. 

No generó grandes ocasiones ni Mele estuvo muy estresado, pero si le quitaron la pelota al equipo de Bielsa y la selección Azteca se vio compacta, segura de su juego y fuerte en defensa. 

Después, el segundo lapso cayó mucho en la fluidez de la pelota y se perdió en faltas, roces e interrupciones en el medio campo.

En ese lodazal del completo, Mora se mostró como el más claro, imaginativo y atrevido. Tanto así que los uruguayos lo tenían que bajar con el fútbol barriobajero que tanto les conocemos para intimidar un poco al chico de 17 años. 

Estaba siendo el más claro con el balón, el más rápido de mente y el más clínico en la ejecución. Tuvo inclusive un disparo dentro del área de tres dedos, que pasó muy cerca del arco charrúa para abrir el marcador. 

Lejos de las polémicas absurdas de los abucheos de la afición, las declaraciones de Raúl Jiménez y de que México no pudo contra un Uruguay B y que su delantero fue Rodrigo Aguirre que lleva menos de 19 goles con su club en lo que va de año, hay que seguir alabando a Gilberto Mora. 

Más temprano que tarde se marchará a Europa y no sé si de entrada será a un gigante o a un club de menor relevancia, pero lo que sí queda claro es que a este muchacho hay que cuidarlo como nunca, porque tiene pinta a ser algo muy grande y diferente a la metralla que hemos visto en los últimos tiempos en el fútbol mexicano. Gracias y hasta la próxima.