Por David García

Robert Lewandowski es un delantero histórico. Generacional. De esos que salen cada tanto y que es complejo de volver a ver en un terreno de juego.

No porque hayan revolucionado la posición, sino porque es demasiado bueno en lo que le toca hacer. 

Su capacidad intimidatoria y su infinidad de recursos a la hora del remate en área es magnífica.

Resuelve muy fácilmente jugadas que para otros serían un laberinto sin salida y si por fin el Barcelona pudo sellar una victoria con cierta holgura, fue gracias al polaco. 

Su intuición para estar donde debe, de encontrarse con la pelota y además de contar con mucha puntería, lo convierten en el arma más letal del Barca de Flick a la hora de concretar todo lo que genera.

Ya hemos hablado mucho sobre los problemas del Barcelona está temporada; sus deficiencias en defensa, el problema de las lesiones y las distracciones de otros fuera del campo.

Pero tomando en cuenta el nivel tan bajo de muchos equipos en La Liga y que Ferrán Torres está a años luz inclusive de un Lewandowski en sus últimos días de carrera – por lo menos en la élite – este conjunto culé puede competir de forma seria hasta el final.

Con el Celta el trámite del juego fue igual que tantos otros partidos este curso para los culés; un juego abierto, con opciones para ambos equipos y muchos errores defensivos. 

Pero la gran diferencia fue que en el campo estaba un tal Robert Lewandowski que casca casi cualquier esférico en las porterías ajenas. Con eso, el Barca de Flick cambia sus aspiraciones otra vez para el título de Liga. Gracias y hasta la próxima.