El Balón de Oro es justo para Ousmane Dembélé. Entre los 3 principales candidatos – entre los que se incluían Vitinha y Lamine Yamal – el francés tenía que ser el ganador. 

Dembélé logró conquistar más títulos que Lamine e hizo mejores números individuales. En términos objetivos y quitando la camiseta de por medio, no hay nada que objetar. 

Evidentemente el atacante galo tiene una clara ventaja sobre su compañero de equipo Vitinha, en dónde por ser delantero, está más cerca del gol y puede inflar sus estadísticas.

Pero es indudable que es otro jugador. Mucho más comprometido en la recuperación, más responsable fuera del campo y más decisivo en los partidos. 

Vitinha es el armador. El que le da sentido al fútbol del PSG para que la vida sea más fácil para los de arriba y ya cerca del área, hagan lo que saben hacer. 

Pero el fútbol actual es así y siempre los ofensivos van a tener más oportunidad de llevarse este premio que cualquiera. Es la ventaja competitiva. Para bien o para mal. 

Tómala, Lamine Yamal. No te merecías ese Balón de Oro y la única razón por la que podías llevarte el premio, es por presión y apapacho mediático que recibe tu club, el cuál debería estar en segunda división y por una ínfulas de grandeza de tu parte, mal infundadas y que te pueden llevar más adelante, a la perdición.

Lamine es un gran jugador. Realizó una gran temporada pero fue insuficiente tomando en cuenta lo hecho por Dembélé y este galardón es así: lo gana el mejor del año, no el que más te guste.

Así qué nada que objetar en esta ocasión, a diferencia del año pasado dónde se lo robaron descaradamente a Vinicius por Rodri, porque era mejor persona. Hágame usted el favor. Gracias y hasta la próxima.