El Barcelona realizó un calamitoso partido frente al Rayo Vallecano. Fue una verbena defensiva, en ataque no tuvo la inventiva de otras tardes y jamás pudo dominar el trámite del juego. Y cuando parecía que la cosa pintaba para como acabó, en un empate, la ayuda arbitral apareció en escena otra vez.

Da igual el nombre del colegiado, del estadio en dónde se juegue o el momento del equipo de Hansi Flick, siempre en las jugadas con un poco de duda, en La Liga, la moneda siempre cae cara de un solo lado: el blaugrana.

Estos episodios los hemos vivido durante mucho tiempo, en la primera jornada tuvimos una muestra de lo que sería esta competencia y ahora en vallecas lo volvimos a confirmar: el sistema quiere ver bicampeón al Barcelona, por lo civil o criminal.

El penal sancionado a Lamine Yamal fue tan ridículo que algunos personajes Anti madridistas de otros equipos, hicieron acto de presencia ante la exageración de tal acción. No era penal y tan es así, tuvieron que desaparecer el VAR unos minutos con la excusa de que no podían revisar tal imágen.

Da igual el fútbol, este Barca puede jugar bien, mal, regular o hacer un juego de mierda como el de este fin de semana, que los arbitrajes ya lo pondrán de nueva cuenta en competencia y con una ventaja competitiva difícil de superar.

Ya ni hablemos de la poca grandeza que tienen las celebraciones de un Lamine que sí, es muy bueno, pero solo el tiempo lo puede poner como el mejor o uno de los más grandes de la historia.

Quitando a Joan García, que hizo un encuentro magnífico con sus paradas, no hay nadie más que se salve de un partido pobre, mal jugado y sin gran manejo del escenario de este Barcelona que sigue en las mismas: concede mucho, deja en bragas a su defensa muchas veces y cuando no llegan los goles arriba, los problemas aparecen. A, y el árbitro claro está. Gracias y hasta la próxima.