
Parafraseando al gran Iñaki Angulo en el Testarazo, el Atlético de Madrid es como Cuba. Esta comparación le viene como anillo al dedo al equipo de Simeone, porque representa solamente los vestigios de lo que fue una dictadura bien entendida, en sus tiempos más decadentes.
La canasta de productos básicos la tienen cubierta todos los años los Colchoneros; estar en el top 4 de la Liga, clasificar a Champions y en general, hacerlo de forma decente en todo el año para cumplir con lo mínimo indispensable.
Con esto, independientemente del gasto cada verano que cada vez es más amplio y el discurso del equipo del pueblo pierde validez, los oligarcas de esta dictadura como Cerezo, Gil Marín y el propio Cholo Simeone, se hacen más rico y se quedan en el poder, haciéndole creer a su pueblo que no tendrán nada, pero seguirán siendo felices.
El partido frente al Alavés, es la representación de lo que ha sido en el último lustro el conjunto de Simeone: frágil a nivel defensivo, sin mucha brillantez en ataque y con un banquillo que no suele responder en momentos de agobio más allá del escenario.
El Atlético de Madrid lo intenta. El esfuerzo se nota y no se puede reprochar por lo menos desde las ganas de los futbolistas. Pero al equipo no se le ve idea, está lento en todas las facetas y con muy poco le generan ocasiones.
Muy lejos quedaron los días donde este cuadro rojiblanco era una roca defensiva y cualquier aquel paso por ahí lo ponen en predicamentos. Dos puntos de 9 posibles en este inicio de campaña liguero y la sensación es que prácticamente le dice adiós a la lucha por el campeonato.
Pero de todas formas tendrán el salvavidas de clasificar a la Champions, cantar madridista el que no bote y festejar bajo la lluvia derrotas honrosas contra el Real Madrid en duelo de eliminatorias. Gracias y hasta la próxima.
