
Al final del día el fútbol no es de merecimientos, pero la realidad es que fue demasiado premio para el PSG llevarse la Supercopa de Europa frente a un Tottenham ordenado, con un buen plan de partido y que le dificultó en todo momento, a una escuadra de Luis Enrique que no encontró soluciones más que en el empuje, las ganas y el nunca rendirse.
Los Spurs jugaron un buen partido. Bien colocados, incomodando mucho el traslado del PSG y teniendo situaciones de cierto estrés arriba.
Parece que a los campeones de Europa le sigue pesando la paliza del Mundial de Clubes frente al Chelsea.
Los parisinos no tuvieron nada que ver con lo visto en la temporada pasada – en la segunda mitad de la misma – y en la mayoría del Mundial de Clubes.
No tuvo claridad, ninguna de sus estrellas brillaron y lograron el empate en base a insistir, a llenar el área de centros y que el Tottenham decidió sufrir desde muy temprano.
Le costó tener el control del juego, de generar ocasiones y durante 60 minutos se vio rebasado Luis Enrique y sus futbolistas ante lo planteado por los Spurs que aprovecharon los errores y el contragolpe como dioses.
El PSG volverá a estar bien. Tiene a un buen técnico, mantiene la base del año pasado y comienza la temporada con una victoria – poco convincente desde el juego – que le ayudará a olvidar el mal trago de la derrota catastrófica frente a Chelsea y refrescar la cabeza. Gracias y hasta la próxima.
