
Si bien la Copa Oro no es un parámetro para medir nada sobre la mejoría o no de México, lo cierto es que la Selección Mexicana la ganó dejando pocas dudas en el camino y demostrando que fue el mejor equipo en el torneo. Da igual las circunstancias y los imponderables del juego – que poco tienen que ver con México- y el ‘Tricolor’ ganó, cumplió y generó un grado importante de tranquilidad en el entorno que tanto faltaba.
Es verdad que la crisis no ha terminado. México sigue inmerso en ella y este resultado no debería de apaciguar nada, pero siempre es mejor ganando un título que, a pesar de que sea mejor o peor en cuanto a la calidad, ya no se ganaba con regularidad y hasta de forma fea eliminaban al tri de esta competencia.
Jaime Lozano tiene un sobresaliente. Levantó a un equipo anímicamente muerto y le dio orden, mayor motivación a los jugadores para salir a disputar los partidos y una forma de jugar que le proporcionó al equipo la capacidad para dominar los encuentros y ser mejor en términos generales que sus rivales.
Si bien Panamá reaccionó en el segundo tiempo y tuvo lapsos donde superó a México, los de Lozano merecieron irse al descanso ganando el partido, y en el complemento, tras ese mal trago con las ocasiones panameñas, se recompuso, volvió a tener la pelota, generó situaciones y al final, con una gran jugada de Santiago Giménez, encontró el gol del título.
México fue un justo campeón de la Copa Oro. Defensivamente se mejoró mucho, en ataque se producía lo necesario para vencer con holgura a los rivales y varios jugadores subieron su nivel individual, ayudados por el entrenador que repitió siempre la misma alineación en todo el torneo.
¿Lozano debe quedarse? Creo que sí. En el mercado nacional no hay tantos entrenadores mexicanos que puedan tomar el cargo y ya hemos visto que los extranjeros – independientemente de su currículo – tampoco nos han llevado a ese supuesto nivel superlativo. El ‘Jimmy’ es joven, con éxitos recientes en selección y que cuenta con la confianza de los futbolistas, tanto de veteranos como de los de savia nueva para pilotear la siempre complicada nave verde.
Lo que ganó México no es la gran cosa. La Copa Oro hay que ponerla en su justa medida y no perder la cabeza. Pero es positivo el hecho de volver a ganar un certamen en donde parecía que ya te tenían tomada la medida y en donde no se estaba compitiendo de la mejor manera. Esperemos que, a partir de aquí, se construya algo para el 2026. Gracias y que Dios los bendiga.
