No cambio ni un ápice mi punto de vista con respecto a lo que ocurrió el jueves contra Estados Unidos: México sigue en una crisis importante a nivel deportivo y ello ya pegó en los bolsillos dirigenciales con la pobre entrada ante Panamá.
La afición parece que ha comenzado a abrir los ojos y ya no está dispuesta a tragarse cualquier cosa que le avienten a la cara. El partido ante Panamá, a pesar de la victoria, que es intrascendente, fue infumable.


México propuso el partido – independientemente del cambio de sistema y de piezas – otra vez, desde la inferioridad. Contra Panamá, que vergüenza. Regalar la pelota, esperar atrás y en jugadas rápidas o balones largos resolver.
Diego Cocca piensa que sigue en el Atlas. Que cuenta con los mismos recursos para aplicar ese fútbol especulativo que tantos resultados le dio para el bicampeonato.


Pero aquí contaba con mejores futbolistas. Los cuales sufren cuando no tienen el balón, deben correr detrás de él y depender de que en dos toques terminen las jugadas. Eso es ser un mal entrenador.

De no saber dónde estás parado y no poner a tu equipo en la mejor condición para ganar.


México precisamente lo que tiene mejor hoy en día son jugadores de medio campo. De toque, creativos, que la piden al pie, que buscan combinar y asociarse para generar al frente. Lo que buscaba Cocca era lo contrario. Defender sin el balón, ser sólidos atrás y esperar una o dos situaciones para marcar.


Es obvio que con ese plan de juego la cosa no va para ningún lado. Se entiende que Cocca no es el culpable de lo que pasó anteriormente con México en el mundial, pero sí lo es con lo que vimos en estos dos compromisos de la Liga de Naciones.
Su Selección se ha visto como un equipo incapaz de generar ocasiones de gol, controlar los partidos, que sufre mucho en defensa y no encuentra, en ninguno de los futbolistas, la capacidad para definir los encuentros como a él le gustaría. Por eso yo creo que añoraba tanto la naturalización de Julián Quiñones.


Estuvo muy pocos partidos, pero fueron suficientes para saber que la cosa no iba a ninguna parte. Solo pudo contra los ‘todopoderosos’ Surinam, Guatemala y Panamá, con el gancho, sin ser mejor y con alineaciones diferentes.
Está bien que Cocca pidiera tiempo. Todo equipo bien trabajado lo necesita. Pero en el fútbol de selecciones eso no existe y hay que sintetizar las cosas. No supo o no le dio en la capacidad.


Jaime Lozano será el interino. Poco o nada podría cambiar en los futbolístico y cualquier mejora que se vea en la Copa Oro hay que señalar a lo anímico, y que los rivales, por lo menos en la primera fase, pues son los que son. Pero bueno, es la Concacaf, y hay que aceptarla como es.
Pero esto no es nuevo. México vive constantemente en este escenario de cambios e incertidumbre que a la larga los hace volver al mismo punto.


Todo forma parte del círculo vicioso y poco virtuoso que se come a los entrenadores. Máxima tensión, cambios, un nuevo DT pacificador, tranquilidad, mundial, nuevo ciclo y mismo proceso.


Por eso no creo que depende de Lozano o al que pongan. Pero como ya les tocó el dinero, ojalá ahora se rompa ese ciclo. Pero todo sigue igual, de momento.