Diego Cocca estaba fuera de sí en la rueda de prensa. Completamente en shock. Ido de la situación. Como si lo que estaba viviendo en ese momento no fuera real. Un mal sueño. Una pesadilla.

De esas que te terminan despertando muy agitado y sudando a las 3 de la mañana, porque lo que sentiste en ese momento fue tan demoledor, que parecía real.

No fue para menos. Porque fue real, demoledor y realmente no había un interruptor que los pudiera despertar de esa fatídica noche en Las Vegas. México fue arrollado por los Estados Unidos.

No generó ocasiones al frente, fue una verbena en defensa, dejando la sensación de que el marcador de 3-0 inclusive se quedó corto, y sin capacidad de reacción por parte del entrenador que salió luego a conferencia ante los medios de comunicación sin responder a nada de lo que se le preguntó.

La selección mexicana está en crisis severa. Todo esto tiene su origen en el hecho de cómo llegó Cocca al ‘Tricolor’: sin nada de claridad, de malas maneras y con un grupo dominante en la federación que ahora ya no está, y los que se encuentran en esos puestos, tomando en cuenta lo que sucedió el jueves por la noche, están esperando a la mínima para echarlo y tendrían el pretexto perfecto para hacerlo.

Con todo el respeto, Diego Cocca, así como su proceso, están muertos en vida. El entrenador argentino ha dirigido 6 partidos y solo ha podido ganar dos; ante Surinam, y a Guatemala en el molero en Mazatlán.

Además de empatar contra Jamaica en el Azteca, el cuál lo pudiste perder perfectamente visto el trámite de ese duelo. A su vez, tenemos la cuestión de que al igual que su antecesor y compatriota, también no pone a jugar a los mejores futbolistas disponibles, y ni siquiera considera a algunos en buen momento para una lista de 40 jugadores. Increíble.

Si bien el sentido común nos indica que un entrenador no va en contra de sus intereses, y de que siempre busca la forma de poner a su equipo en la mejor condición para ganar, ya se estaba viendo, que tanto el sistema como los muñecos elegidos, no son ni habían sido los mejores.

Ante el primer rival de entidad que se enfrentó México de nueva cuenta fue arrollado. Viene siendo algo común independientemente del entrenador de turno. Es algo que subyace en el sentido de que ya no tenemos tan buenos futbolistas como en otros tiempos, y por lo que sea, ya en Estados Unidos están mejor preparados para afrontar estos duelos. Por mentalidad, técnica y ritmo de juego.

Obvio otras cosas entran en el debate, pero tomando en cuenta la vergüenza que perpetró México en Las Vegas, es lógico pensar que la responsabilidad va cargada para el técnico.

Tampoco tenemos tan malos futbolistas para que se vieran de la forma en la que se vieron. Y si a eso le sumas que nunca modificó la línea de cinco, cuando el partido le indicaba que le sobraba uno y necesitaba más piernas en el medio campo para obtener control y acompañamiento, pues ya te habla de que Cocca estaba rebasado.

Los jugadores no deberían de ser apartados de su responsabilidad en la cancha. Obviamente varios estuvieron muy lejos del nivel que semana a semana muestran con sus respectivos equipos y no dieron una.

Pero cuando todos, titulares y suplentes, se ven tan mal en el 90% de los minutos, pues ahí si se tiene que voltear al banquillo. Porque, además, pudiste afrontar el juego con otros jugadores, un distinto planteamiento y colocar al equipo unos metros más adelante en el campo.

Cocca planteó un duelo desde la inferioridad. A esperar atrás, salir en velocidad y en una jugada aislada, se resolviera la situación. Pero obviamente los estadounidenses te superaron y te pasaron por arriba.

Diego Cocca está muerto en vida, metafórica y futbolísticamente hablando, claro está. Sus palabras, su expresión y su forma de evadir la responsabilidad con el patético argumento de que no es su culpa el momento global de la selección, son de alguien que no sabe dónde está parado, que siente que en cualquier momento lo van a echar y que, al parecer, tampoco tiene el respaldo de los jugadores porque sus respuestas monosilábicas iban a culparlos directamente, porque se perdió según él por falta de mentalidad.

Bueno, para eso ha quedado el señor Cocca. Piensa que sigue dirigiendo al Atlas. Veremos si sigue contra Panamá. Gracias, y que Dios los bendiga.