La flojera – o como comúnmente lo llamamos en México – la hueva, es un estado en el cual las personas pierden el compromiso, interés y las ganas para realizar aquello que se toma como consideración fundamental. La falta de motivación o la ausencia de la misma, genera un estado de aletargamiento muy peligroso para la creatividad y la imaginación, en busca de la creación y generación de nuevas ideas.
Esta condición catatónica se cierne sobre el “Sombra” y Santos, dos estudiantes de la UNAM que, a falta de una razón para salir de su apartamento y de hacer otra actividad que no sea drogarse y tratar de escribir y desarrollar decentemente sus respectivas tesis, encuentran en Tomas – hermano del “Sombra” que se había ido a vivir con ellos a la Ciudad de México por falta de control de su madre en Veracruz – esa razón para cambiar su día a día.
Y qué mejor que buscar a un viejo ídolo patriarcal como Epigmenio Cruz, antigua leyenda del rock mexicano idolatrado por ellos y anteriormente por su padre, que se encuentra en su lecho de muerte y que seguramente será olvidado por otros tantos que lo veneraban, para encontrar una excusa y vivir una aventura escudados en la esencia de la camaradería, amistad y fraternidad.
Esta búsqueda significa cerrar un ciclo, entender por qué se admiraba tanto a la persona en cuestión, encontrando el significado de sus palabras disfrazadas en melodías para después, decirles adiós, dejarlas partir y comenzar de nuevo. Pero los finales no siempre son felices. Que la persona de carne y hueso supera al ídolo, y que esa admiración se va, con el empujón de un soplido, dándole paso a la decepción.
Güeros es una película pretenciosa de principio a fin, no por lo que intenta mostrar, sino por cómo se pretende presentar a un público, al que no le gusta pensar. En general, es una cinta aburrida, lenta, larga y poco entretenida. Se pierde y divaga en excesos sobre temas, tópicos, términos y problemáticas que se viven día a día, especialmente en la capital y de cómo esta funciona en términos sociales, pero que en general, a la mayoría, le interesa un pepino cambiar.
Es visualmente atractiva, con encuadres que los puristas del séptimo arte, o los que en su mayoría intentan o presumen serlo calificarían como buenos y la definirían como una cinta agradable desde lo meramente estético. El hecho de que esta presentada en blanco y negro le otorga un aire fresco, romántico y hasta melancólico, distorsionando y contradiciendo al contexto de conflicto que se vive a finales del siglo pasado en nuestro país en la máxima casa de estudios, en busca de la educación gratuita, satirizándolo y burlándose del problema.
La película es poco entendible. Muestra cinco partes nombrándolas de diversas formas sin llegar al entendimiento de porque nombrarlos así. En algún caso buscando filosar fingiendo una profundidad de momento inexistente, en otro, simplemente nombrando el lugar donde suceden los hechos.
Ruiz Palacios hace una crítica dura pero realista de lo que pasa con muchos directores en México, que caen en el mismo esquema y estructura argumental, donde muestran mucho y dicen poco, dejando todo a la interpretación del espectador que no termina por aterrizar nada, pero acepta que dichas obras son de arte por diferentes cuestiones: se habla mucho en términos filosóficos, no se tienen la herramientas propagandísticas necesarias y hay poco dinero para realizar proyectos audiovisuales, punto que aplaudo enormemente.
En conclusión, güeros es una película sin chispa, energía y escasa de ritmo, pero el mismo, permite entender y comprender la doble moral dominante en una sociedad que es racista, excluyente, satírica, sarcástica y poco humorística, disfrazando lo trágico en comedia, con una hueva, que cala hasta los hueso.
-Contribución de José David García.
