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Para bien o para mal de muchos, Napoli y Liverpool están en la fase de grupos de la Champions, dos conjuntos sin temores ni complejos, que buscan proponer permanentemente un juego abierto, vertical, dinámico, valiente y sumamente técnico que manejan con una enorme facilidad y movilidad, planteamiento que seguramente hará de una competición hermosa, más maravillosa y entretenida de lo que ya es, en esa galaxia de estrellas rutilantes.

Con intenciones similares pero con aplicaciones distantes, ambas escuadras buscan constantemente divertir, jugar al frente y lastimar al rival en cada momento del encuentro; los italianos con un juego corto, combinativo, de presión alta, posicionamiento en ataque, y verticalidad por las bandas cuando el momento lo requiera, lo hacen en extremo peligroso.

Con el Liverpool la cosa cambia. Aunque la finalidad y modo es prácticamente la misma, los dirigidos por Klopp son menos imaginativos, buscan ofender desde las transiciones largas, y explotar los cambios de ritmo en la última zona a máxima velocidad para que la resolución sea igual de rápida y efectiva, al igual que la recuperación de la pelota; defienden hacia delante, achican el campo, buscan asfixiar al rival y con ello estar en zona contraria en todo momento.

La máquina de Sarri juega, piensa, distribuye y triangula por todo el campo. Hamsik da orden, lidera con la palabra y con sus decisiones, su llegada al área y su disparo de media distancia lo hace un mediocampista completo. Insigne y Callejón son los cambios de velocidades del equipo, en ellos se instala la ligereza, agilidad y la aceleración del equipo. Mertens es la sorpresa, la incógnita, aquel medio reconvertido en un “delantero centro” que aparece por todos lados y vuelve locos a sus rivales con habilidad, técnica individual y capacidad en el mano a mano.

Los “Red Devils” explotan esa verticalidad y ligereza en Salah y Mané, dos futbolistas jóvenes y experimentados que tienen la capacidad de generar angustia en sus contrincantes, pero que necesitan mejorar en la definición para que su equipo pueda cerrar los partidos, justificación que se deja ver ya que Firmino no termina por ser ese “killer” absoluto de garantías para un equipo de esta magnitud. En Henderson y Milner se refleja ese esfuerzo físico e intensidad extenuante que le encanta a Klopp durante los 90 minutos.

Qué bueno que en el fútbol existen equipos que desplieguen el juego que profesan, los que llevan sus ideales al acto y lo realizan bien en la aplicación, siempre será un hecho aplaudir y que se debería de celebrar.

Así son Sarri y Klopp, dos estrategas supremos que saben motivar, administrar y suministrar de facilidades a sus futbolistas, les dictan como jugar con sus respectivas justificaciones, para aminorar sus defectos, y exaltar sus virtudes.

Además, son dos grandes gestionares de grupos, forman familias, personas con valores, que se respetan a sí mismos, al prójimo y a la institución que representan, y de esa forma, se perfecciona mejor en todo ámbito mejorable.

Habrá que estar muy pendientes de estas dos escuadras, dos conjuntos que proponen, van hacia al frente, y no se ruborizan cuando se trata de lastimar al rival en su campo, o en sitio ajeno, valores que, no hacen más que confirmar, que tendremos una Champions League espectacular y emocionante, como siempre, pero con un valor agregado y que será de las mejores en los últimos años, con estas dos escuadras dúctiles y agradables.

-Contribución de José David García.